Publicidad

El fardo pesado de la victoria

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

El resultado de las elecciones griegas es fruto del desespero de una nación atrapada entre la ineptitud de sus políticos y la indolencia de sus acreedores.

Como corresponde a los eternos dramas helénicos, lo paradójico es que quienes han celebrado el triunfo hasta el delirio votaron precisamente por el programa más difícil de ser convertido en realidad. Porque el hecho de haber ganado las elecciones no implica automáticamente que vaya a ser posible cumplir las promesas de alivio de un programa de austeridad impuesto por poderes extranjeros, que se vino a sumar a los desaciertos de la clase política para condenar a la pobreza a más del treinta por ciento de los habitantes del país. Por ahora, y no es poca cosa, la victoria de la Coalición de la Izquierda Radical, Syriza, liderada por el carismático Alexis Tsípras, es una muestra fehaciente de la fuerza de la acción política popular, que puede tener consecuencias en otros países de Europa.

Grecia es una muestra más de lo que pasa cuando los políticos y sus partidos y sus camarillas y sus aliados, agazapados en los buenos negocios, juegan irresponsablemente con las cosas públicas hasta perder, tarde o temprano, toda credibilidad. Por eso llega el turno de los salvadores, capaces de interpretar el desespero popular y prometer soluciones en el lenguaje que la gente quiere escuchar. Otra cosa es que llegados al poder puedan obtener los resultados previstos, porque así sus intenciones sean las mejores, deben nadar contra la corriente de un mundo organizado de manera muy diferente a la que ellos quisieran y que tiene a la mano herramientas poderosas para defender sus intereses. Justamente por eso es mayor la responsabilidad de quienes formulan propuestas alternativas y son más grandes las limitaciones para cumplirles a los electores.

Como ya se sabe, la competencia populista que dispuso alegremente del erario, en la que izquierda y derecha participaron sin sonrojo, vino a configurar el cuadro de un Estado en quiebra que tuvo que someterse a los consabidos “cuidados intensivos” que recetan los poderes especializados en exigir medidas que mejoren las cifras, sin que importe demasiado el costo humano de los esfuerzos que todos, y no solamente los responsables del fracaso, deben hacer para seguir viviendo.

En medio de los avatares propios de la crisis, Nueva Democracia, el partido tradicional de centro derecha, había conseguido hasta ahora cumplir con las obligaciones derivadas de exigencias en muchos casos abusivas, impuestas a Grecia con intensidad mayor que a otros deudores. Cualquiera habría podido augurar que por el hecho de estar ya en el curso correcto hacia la “recuperación” en los términos exigidos, sería de esperar una victoria del hasta ahora Primer Ministro Andonis Samarás, el artífice de las tareas cumplidas. Pero bastaba con mirar hacia el interior de la vida cotidiana de los griegos a lo largo de los últimos años, para advertir que la situación social derivada del esfuerzo nacional por atender las exigencias de Bruselas, El Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional, mostraba una realidad devastadora desde el punto de vista de la condición humana de amplios segmentos de la población del país. Para mencionar solamente uno de los miles de ejemplos de elocuencia preocupante, baste con mencionar que en la isla de Samos los recortes exigidos en el servicio de salud han llevado a que los pocos funcionarios que quedan se vean a diario ante el dilema de escoger a quién salvan y a quién dejan morir. Por lo demás, miles de personas mendigan sopa en comedores de caridad que hace apenas unos años no tenían razón para existir.

En medio de todo, la “euforía” con la que acostumbran a vivir su vida los griegos, desde los más encumbrados hasta los más humildes, llevó a no pocas equivocaciones a los habitantes fríos de los países fríos del continente, que ahorran años enteros para pasar una semana viviendo como los pescadores del Egeo. Por eso llegaron a calificar de irresponsable a la nación entera y en un alarde de ignorancia y falta de respeto les llegaron a exigir a los griegos encerrarse en casa a sufrir la crisis, como si tuvieran al frente esos mares fríos e inhóspitos a los que ellos sí que están condenados de por vida.

Víctima de los malos tratos internos y exteriores, los griegos fueron a las urnas a votar por el que les ofreció sacarlos pronto del atolladero. Pero el redentor tiene frente a sí una tarea nada fácil. Ya ha abandonado su radicalismo de otras épocas y ha dicho de mil maneras que no es euroescéptico y que no pretende sustraer a Grecia de la Unión Europea y tampoco del Euro. Sus seguidores lo tienen claro y apoyan lo uno y lo otro. Pero tanto Tsípras como sus electores esperan que Europa y los banqueros estén de acuerdo en modificar los términos de una política de austeridad que si bien ha dado buenos resultados en las cifras macroeconómicas, también ha condenado a la infelicidad y a una muerte indigna a miles de personas.

Con el fardo pesado de la victoria a cuestas, Alexis Tsípras irá a golpear a las puertas de quienes no lo quieren. Está por verse si son capaces de reconocer el poder del pronunciamiento popular de las urnas el domingo pasado y si tienen la voluntad de responder a las solicitudes de alivio. Su decisión no es fácil porque vienen a proponerles que abandonen principios de un credo económico que han defendido siempre como si en dichos principios radicara de verdad la fuente de la felicidad de los pueblos. Algo que tampoco han podido probar y que los griegos pueden desmentir ahora mismo con la realidad de su precaria vida cotidiana. Lo mismo que pueden llegar a hacer, entre otros, los italianos y los españoles, éstos últimos alrededor del movimiento “Podemos”, que a la manera de Syriza se abre paso en otro país en el que la gente no parece encontrar respuestas idóneas de parte de los partidos tradicionales.

Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido