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Un civil de talante negociador es el nuevo ministro de Defensa de Ucrania. El nombramiento de Rustem Umerov, en reemplazo de Oleksii Reznikov, puede abrir varios interrogantes sobre el impacto de su llegada en las posibilidades de una salida negociada para la guerra, hoy totalmente estancadas.
La respuesta está lejos de ser obvia pues, aunque Umerov se ha hecho un nombre como participante de distintos diálogos, también es de ascendencia tártara, un grupo étnico históricamente perseguido por Rusia y cuyo sufrimiento se ha recrudecido desde la anexión de la península de Crimea en 2014. Umerov es también uno de los principales líderes de esta comunidad.
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Su posición de no ceder ni un milímetro de territorio (uno de los temas que probablemente se pondrían sobre la mesa en una eventual negociación) ha sido rotunda.
“Es difícil afirmar que se esté apostando por una salida pacífica, sobre todo porque el origen tártaro del nuevo ministro de Defensa implica el objetivo de recuperar a Crimea, algo que para Rusia es claramente inaceptable”, opina Jesús Agreda Rudenko, profesor de la Universidad del Rosario.
Ildikó Szegedy-Maszák, Ph. D. y directora de la maestría en Derecho Económico de la Pontificia Universidad Javeriana, aunque reconoce la postura de Umerov sobre Crimea, no descarta que tras el nombramiento haya un mensaje de “posibles negociaciones de paz”.
Explica: “El ministro de Defensa tendría un papel importante para dar una lectura acertada sobre las posiciones militares, las opciones estratégicas, etc. En este caso, tener a una persona civil, además con experiencia de negociaciones y conocimiento personal con la contraparte rusa, es muy relevante”.
Para ella, no obstante, hay un tercer posible mensaje del presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, con la designación de Umerov: “La lucha renovada contra la corrupción”.
Tras 18 meses de guerra y 22 en el cargo, Oleksii Reznikov, de 57 años, renunció el lunes al Ministerio de Defensa, luego de que Zelenski anunciara su salida durante el fin de semana.
A través de su cuenta de X (antes Twitter), Reznikov, de quien se dice que ahora podría irse para la Embajada en el Reino Unido, expresó: “Fue un honor servir al pueblo ucraniano y trabajar para #UAarmy durante los últimos 22 meses, el periodo más difícil de la historia moderna de Ucrania”.
El mayor remezón en el liderazgo militar que se ha dado desde que empezó la invasión rusa en Ucrania, del que se venía rumoreando desde hace varios meses, sucede en medio de escandalosas denuncias e investigaciones por corrupción en el Ejército de Ucrania. Aunque estas no han tocado directa o personalmente a Reznikov, sí le han valido críticas por no haber sabido manejar la situación, la cual, de todas formas, ocurrió durante su supervisión.
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Más escándalos en un país inundado de corrupción
Antes de la guerra, la corrupción era sin duda el mayor problema que enfrentaba Ucrania, y uno de los desafíos pendientes para poder adherir a la Unión Europea, debido a sus altos estándares. La descomposición lo permea todo, desde la política hasta la cotidianidad en los centros educativos, por ejemplo.
En parte por eso, para muchos analistas, se explicó el ascenso de Volodímir Zelenski a la Presidencia en 2019: se trataba de un hombre joven, antiestablecimiento, que prometía combatir la corrupción.
Tras la invasión, el problema, lejos de resolverse, se siguió esparciendo, pero por obvias razones pasó a un segundo plano.
Hoy, Ucrania ocupa el puesto 116 entre 180 países en el ranquin de corrupción de Transparencia Internacional.
En enero hubo un primer revolcón, con la salida del viceministro de Defensa, Vyacheslav Shapovalov, responsable de suministrar los alimentos para las tropas, en medio de las investigaciones por compra de raciones a precios inflados. Se le sumó el despido del fiscal general interino, Oleksiy Symonenko (acusado de irse a pasar vacaciones a España, pagadas por un empresario ucraniano), y de otros funcionarios técnicos nacionales y regionales.
El mes pasado, además, Zelenski despidió a los jefes regionales de reclutamiento. En ese momento, el mandatario explicó que se habían abierto investigaciones por corrupción contra 112 oficiales de centros de alistamiento, mientras que existían sospechas concretas contra 33 de ellos.
El papel del nuevo ministro de Defensa
Umerov, de 41 años, nació en Uzbekistán, país que sirvió de refugio para sus padres exiliados durante el régimen estalinista y persecutor de la población tártara. Para ellos, el regreso a Crimea, su tierra de origen, sería posible a finales del siglo XX.
Se formó como economista, y tras su desempeño como diputado entre 2019 y 2022, fungió como jefe del Fondo de Propiedad del Estado. Hoy su reputación es considerada como intachable.
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Participó en las negociaciones de paz entre Rusia y Ucrania de marzo de 2022, después de la invasión rusa. En ese momento su nombre resonó por estar entre los de las tres víctimas de un supuesto caso de envenenamiento durante una reunión por la paz en Kiev, en la que también estaba el oligarca ruso Roman Abramovich. Estados Unidos luego diría que los síntomas del presunto ataque (ojos rojos, lagrimeo y descamación de la piel) fueron realmente reacciones a condiciones medioambientales.
Umerov, asimismo, tuvo una de las voces principales en las negociaciones para alcanzar el acuerdo de un corredor seguro que permitiera la salida de los cereales ucranianos por el mar Negro. Este acuerdo, del que Rusia finalmente se retiró, fue posible también por la mediación de Recep Tayyip Erdogan, presidente de Turquía, con quien, se dice, Umerov tiene buena relación.
Las lazos exteriores serían precisamente un elemento clave para la gestión de Umerov, pues es en este campo en donde se resaltan los principales logros del ministro saliente. Reznikov fue ficha fundamental en la consolidación del apoyo internacional para Ucrania, principalmente el envío de armamento.
“El hecho de que Umerov, a pesar de tener una trayectoria política relativamente corta, nunca haya sido manchado por sospechas de corrupción, apoya mucho su candidatura a ocupar el puesto”, dice Agreda Rudenko.
“Es un cambio que busca el apoyo doméstico, pero también internacional”, añade. Se refiere a que, por un lado, “los casos de corrupción en el Ejército ucraniano son extremadamente dañinos no solo para la imagen del presidente o la candidatura”, teniendo en cuenta que se empieza a calentar la campaña electoral para la Presidencia.
Por otro lado, con altos niveles de corrupción, al tiempo que los avances de la contraofensiva ucraniana no han sido los esperados, podrían estar en riesgo los recursos de apoyo internacional para Kiev.
La presión es máxima con factores como la popularidad de Donald Trump de cara a la nominación republicana para las elecciones del próximo año, pues Trump ha puesto sobre la mesa cortar el apoyo estadounidense para Ucrania y “terminar la guerra en un día”.
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