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Internet pobre, internet rica

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Hace unas semanas The Economist realizó un interesante paralelismo entre los inescrupulosos y despóticos millonarios de hace un siglo en Estados Unidos —robber barons (los barones ladrones), como se les denomina en la historia económica— y los actuales emprendedores de Silicon Valley.

Teniendo en cuenta que esa revista es casi una biblia del capitalismo liberal, el símil no es un panfleto populista sino una aguda y pertinente reflexión sobre el poder inconmensurable que llegan a tener las grandes empresas en perjuicio del bienestar.

Entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, Carnegie, Ford, Rockefeller, Vanderbilt y otros pocos generaron inmensas fortunas gracias a su ingenio y a la creación de economías de escala, lo que les permitió reducir los precios y aumentar la calidad de sus productos y, de paso, adquirir un poder monopólico en sus respectivos mercados y arruinar a muchos de sus competidores.

Para acrecentar sus ganancias, esos barones no tuvieron ningún escrúpulo en capturar al Congreso y al gobierno mismo de los Estados Unidos. Según The Economist, los sultanes de Silicon Valley se han cuidado de no incurrir en la mismas prácticas; sin embargo, cada vez son mayores sus aportes a los partidos políticos y a los grupos de presión y su incursión en los medios de comunicación, como la adquisición de una de las joyas de la corona del periodismo norteamericano, el Washington Post, por parte de Jeff Bezos, el dueño de Amazon.

Gracias en buena parte a ellos mismos, el creciente poder de compañías como Google, Facebook y Twitter es lo suficientemente notorio como para que los gobiernos, los legisladores y los jueces no se den por enterados. Lamentablemente, el deslumbramiento con genios como Mark Zuckerberg tiende a disimular que él no es sor Teresa de Calcuta —ni quiere serlo—, que su proyecto internet.org es simplemente una forma legítima de hacer más dinero y que es al Estado a quien le corresponde garantizar la conectividad.

Mientras tanto, los menos pobres que ya tienen internet siguen sometidos a las odiosas prácticas de los proveedores de ese servicio sin que las autoridades hagan nada efectivo al respecto: empaquetamiento indebido, servicio deplorable y tarifas exorbitantes. ¿Quién podrá ayudarlos?

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