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El final del ataque al centro comercial Westgate en Nairobi estaba cerca. Esas fueron las palabras del ministro del Interior keniano, Joseph Ole Lenku, quien en la tarde del lunes pronosticó el comienzo del fin de los días de zozobra, pues, de acuerdo con su versión, el Ejército ya controlaba el lugar e intentaba neutralizar a los últimos miembros del grupo islamista Al Shabab, que se atribuyó el atentado.
Podría decirse que el final comenzó al amanecer, cuando luego de una noche de calma volvieron a oírse explosiones dentro del centro comercial. Desde el mediodía del sábado, luego de que los hombres irrumpieran en el Westgate lanzando granadas y disparando armas automáticas, la zona permanece rodeada y bajo control de las fuerzas oficiales, asesoradas por Israel y EE.UU. Fueron necesarias 35 horas para planear un asalto que permitiera retomar el centro comercial, una operación exitosa a pesar del saldo trágico que ya dejaba la tragedia: 69 muertos, más de 170 heridos y 63 desaparecidos. Era cuestión de tiempo, informaron las autoridades: tres terroristas perdieron la vida y entre 10 y 15 permanecían escondidos en el edificio, aún con algunos rehenes en su poder.
Sin embargo, el que hasta ahora parece ser un operativo exitoso por parte del Ejército, que recibió también el apoyo de la Policía, deja muchas preguntas sin resolver. Para empezar, el número de rehenes que siguen en poder de los miembros del Al Shabab no ha sido especificado, como tampoco se ha entregado información acerca de los más de 10 sospechosos que están siendo interrogados sobre el ataque. Aunque no se entregaron detalles más allá de un mensaje en la cuenta oficial de la Policía en Twitter, es de suponer que los detenidos no formaron parte del ataque de manera directa, pues fueron capturados lejos del centro comercial.
En cualquier caso, la preocupación continúa para las familias de los rehenes y los desaparecidos que podrían estar en manos de los atacantes. En una entrevista concedida a la BBC, Abú Omar, identificado como comandante de Al Shabab, afirmó que mantiene contacto con sus hombres dentro del Westgate y que negociar no está dentro de las posibilidades de su grupo: “Todo muyahidín quiere morir en nombre de Alá para convertirse en mártir. Es algo que desconcierta totalmente a los occidentales”.
Al Shabab es un grupo de origen somalí con vínculos con Al Qaeda y, según Abú Omar, las acciones que tomó contra el Westgate tenían como fin “castigar a Kenia por su implicación en el conflicto somalí”. El grupo islamista ha visto reducido su poder en Somalía en los últimos dos años, después de que Nairobi decidiera tomar parte en el conflicto para hacer frente al avance del grupo contra un Estado débil. Desde 2011 Al Shabab ha sufrido los golpes de la operación Linda Nchi, lanzada por Kenia para proteger sus fronteras. Desde esta perspectiva, la venganza parece ser la principal motivación del atentado.
En declaraciones entregadas a la agencia AFP, Alex Vines, director del programa África del instituto de investigaciones londinense Chatham House, asegura que “un ataque como éste los mantiene (a Al Shabab) en la actualidad. El objetivo es sacar de él la mayor publicidad, demostrar que conservan sus capacidades operacionales y que pueden organizar un ataque terrorista espectacular fuera de Somalia”.