Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
El colapso del sistema de alcantarillado en el suroccidente de la capital, por las tempestuosas lluvias y el desbordamiento del río Bogotá, obligaron a la alcaldesa Clara López a declarar ayer el estado de emergencia en la capital. Bosa, Kennedy y Engativá fueron las localidades más afectadas.
En Kennedy, la inundación de aguas negras debido a la saturación del sistema de acueducto afectó 1.500 predios. En Bosa, en el barrio El Tintal, fueron 2.700 predios los afectados por la misma razón. En total, más de 16.000 personas podrían haber sido damnificadas por los acontecimientos de ayer, muchas de las cuales tuvieron que ser evacuadas.
La alcaldesa Clara López les pidió ayer a los bogotanos que aumenten el ahorro de agua, pues, aunque ayer se logró la reducción del consumo en 12 litros, aún no se llega a la meta de 40 litros establecida por el Distrito.
López también anunció que hoy comenzarán las inundaciones controladas de dos lotes pertenecientes uno a la CAR y otro al Acueducto, en la zona de Canoas y en Tibitó, respectivamente. Se espera así lograr bajar un poco el nivel del río, que se mantiene en su máximo nivel.
Bella Vista colapsó
En Kennedy, según cifras del Fopae, más de 1.500 predios resultaron afectados con la inundación en el barrio Bella Vista, lo que quiere decir que más de 7.000 personas fueron damnificadas por el reflujo de las aguas en las cañerías. “Un predio significa un apartamento en un primer piso y se hace un cálculo aproximado de cinco integrantes por vivienda”, señaló una vocera de la entidad.
Para habitantes como Martha Sandoval, la inundación del Conjunto Condominios de Tierra Buena II no sólo significó la pérdida de sus objetos domésticos, sino también de sus recursos de trabajo, pues junto a sus viviendas tenían una tienda donde vendían verduras, carnes y lácteos, de los cuales no quedó nada.
En el centro comunal del barrio más de 60 servidores públicos voluntarios trabajaron para acompañar a los organismos de emergencia. El Distrito atendió la emergencia en este punto de la ciudad con motobombas para sacar el agua de los conjuntos.
Barrios y puntos críticos
Con riesgo de inundación
– Bosa: San José II sector Villa Celina, San José, San Diego, Esperanza y La Independencia, sector Marranera.
– Usme: Charalá, Monteblanco y Santa Martha–Villa Alejandría.
– San Cristóbal: La Belleza.
– Tunjuelito: Av. Villavicencio con Av. Boyacá.
– Ciudad Bolívar: Nueva Colombia, Manitas, Juan José Rendón Quebrada Peña Colorada, Candelaria La Nueva y Divino Niño.
– Usaquén: Canal y Humedal Torca, Cerro Norte y vereda El Páramo.
– Kennedy: El Vergel y Gibraltar.
– Fontibón: Kassandra y La Estancia-Camino Salazar.
– Suba: Santa Cecilia, Vías Suba-Cota y canal Torca.
– Engativá: Torquigua, canal Marantá, Cementera Argos y Marandú.
Un drama sin Recreo
Más que por la inclemente lluvia, los cerca de 14.000 habitantes afectados en cinco conjuntos residenciales en el sector El Recreo de Bosa se manifestaron indignados por el desentendimiento de las autoridades, ya que, como lo indican algunos de los damnificados por las inundaciones, esta es la tercera vez que el agua, literalmente, les llega hasta la cintura.
“Que vendan buenas casas de interés social, con la adecuada canalización para las aguas negras. Porque con estas viviendas nos metieron un golazo”, señaló Argeni Viola, uno de sus habitantes. Su reclamo expresa la rabia que sienten los vecinos del conjunto Alameda del Río, quienes exigen que el gobierno local se responsabilice de controlar las construcciones de este tipo, de manera que se prevengan los problemas en la canalización de las aguas.
Por su parte, un vocero del Hospital Pablo VI de Bosa indicó que la asistencia social en la zona fue realizada por más de 120 miembros de la entidad en coordinación con la Secretaría de Salud.
Mientras en un bote algunos residentes del sector salían desde sus casas hasta las zonas secas y aisladas de la laguna en que se convirtió el sector, otras personas hacían maromas para sacar de sus hogares algunos electrodomésticos, ropa y alimentos. En la zona verde, alrededor de la construcción, cubrían sus piernas con bolsas y papel vinylpel para evitar la filtración de las aguas putrefactas en su cuerpo y la propagación de enfermedades. La salud es la gran preocupación para muchas de las familias, que en su gran mayoría están compuestas por más de tres individuos.
Según cifras del Fopae, los predios afectados fueron 2.700 pertenecientes a 5 conjuntos residenciales. Los damnificados tuvieron que salir de sus casas e instalar carpas en el parque, pues además de tener sus viviendas empantanadas, no había prestación de servicios como luz y teléfono.
Lujoso condominio, ahogado
Como una historia de horror, que se repite y se repite por estos días en todo el municipio y sus alrededores, en la madrugada del pasado martes otro jarillón se rompió en Chía con su consecuente inundación. Esta vez resultó afectado el condominio club San Jacinto Chía, exactamente unas 70 lujosas casas, rodeadas de canchas de tenis, que quedaron medio tapadas de aguas negras. Los administradores del lugar prefirieron no dar declaraciones al respecto, pero este diario pudo recorrer en lancha los alrededores y se encontró con un panorama de verdadero apocalipsis. Esqueletos de viviendas parecen flotar en el lodo, mientras las autoridades del departamento trabajan las 24 horas del día para reparar el jarillón.
Cercados por las aguas putrefactas
El barrio La Torquigua, en la localidad de Engativá, está cercado por la tragedia. Por un lado está la calle principal desbordada de aguas negras de alcantarilla, que se rebosan por un sistema público a todas luces ineficaz que no es capaz de aguantar tanto aguacero. Y por el otro, el potrero, convertido en putrefacto humedal, invadido por el río Bogotá, que no ha podido secarse.
La fuerte ola invernal. Cuatro palabras que se dicen fácil, pero que son padecidas cada minuto en este popular sector vecino a una de las pistas principales del aeropuerto Eldorado.
Precisamente, esta cercanía podría convertirse en otro de los dramas que rodean el lugar. El potrero, que se convirtió en una negra laguna, empezó a inundar la pista del aeropuerto (que ayer operó con normalidad) y allí, para evitarlo, comenzaron trabajos de control con cinco motobombas para devolver las aguas, lo que a la postre termina por llenar aún más el terreno pegado al barrio.
Al menos eso aseguran los habitantes del sector Marco Antonio Serrano y Flor Garzón, quienes dicen haber visto a lo lejos los trabajos de las máquinas. “Por donde pisemos encontramos humedad y malos olores, y esta es la hora en la que no hemos visto a la autoridad”.