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Las cuatro cámaras están instaladas en azoteas de edificios que bordean las playas de Bocagrande y el Laguito en Cartagena. Mientras los turistas se broncean y bañan de espaldas a ellas, los disparos se suceden en tiempos programados por los investigadores del grupo Oceánicos en la sede Medellín de la Universidad Nacional.
Servidores en Medellín y Cartagena reciben las imágenes en tiempo real. Un programa informático, creado por Andrés Osorio y sus colegas, convierte la información gráfica en datos más útiles para la investigación: densidad y flujo de usuarios, cambios en la línea costera, puntos de erosión, así como parámetros hidrodinámicos de las olas. En fin, variables que permitan entender los efectos de diversos eventos climáticos sobre las playas más visitadas del país.
“Al conocer cómo se comporta la playa, los gestores pueden tomar decisiones para preservarla y protegerla”, explica Osorio, orgulloso de uno de los primeros sistemas de monitoreo instalados en el continente.
Según el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras, en los últimos años la línea costera ha sufrido la destrucción y el retroceso de cientos de kilómetros cuadrados de playas y ecosistemas. Se calcula que en los últimos cincuenta años las aguas en la costa Caribe han aumentado 22 centímetros. Sólo en el departamento de Bolívar se han visto afectados unos 22 kilómetros de costa. Una amenaza para el boyante turismo de la zona.
La primera fotografía fue tomada en mayo de 2008, cuando se puso en marcha el proyecto elaborado en conjunto con científicos de la Universidad de Cantabria y que contó con la financiación de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo.
La fase inicial, consistente en la implementación de los equipos, el diseño del software y los primeros monitoreos, concluyó la semana pasada con la entrega del sistema a las autoridades. El financiamiento está garantizado por dos años más, pero el deseo de los investigadores es que se extienda mucho más tiempo.
Antonio Niebles, de la Secretaría de Planeación de Cartagena, dijo que “este es un proyecto muy importante para la ciudad, que trae grandes beneficios para los cartageneros, y con el que se espera prevenir desastres y administrar mejor las costas de la ciudad”.
El año pasado, por ejemplo, el sistema Horus permitió detectar una erosión de 50 metros de playa por cuenta de temporales y coletazos de huracán. La alerta guió a las autoridades locales, que decidieron rellenar la playa para evitar que el problema siguiera avanzando.
Con Horus, símbolo de indestructibilidad y renacimiento, las playas de Cartagena están enfrentando el cambio climático.