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Que sí, pero que no

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Confieso sin rubor que ando confundido con las recientes declaraciones del Gobierno en lo que tiene que ver con los diálogos del Gobierno y las Farc en La Habana.

Después de los llamados retiros espirituales del presidente Santos con los negociadores en Cartagena al inicio de este año, los mensajes del jefe de Estado y de sus colaboradores son algo confusos. Especialmente en lo que tiene que ver con el cese al fuego bilateral, pues el pasado miércoles el presidente informó que dio orden a los negociadores para llegar a acuerdos para lograr un cese bilateral del fuego. Lo que no nos han dicho es cuándo se hará efectivo este cese bilateral, si antes de firmar un acuerdo definitivo o cuando éste se logre. El general Naranjo trató de explicar este asunto, ratificó que no se ha dado la orden de dejar los bombardeos, pero tampoco fue claro sobre el momento exacto en que se daría ese cese bilateral.

La poca claridad en este tema ha dado precisamente para que se presente una gran confusión y una cantidad de especulaciones que no dejan de ser nada distinto que un ejercicio académico.

Lo realmente importante es que el proceso parece ir por muy buen camino, a pesar de la cantidad de detractores. Unos de oficio y otros por razones políticas. Lo cierto es que nunca antes el país estuvo tan cerca de alcanzar la paz con este grupo subversivo.

Debemos recordar que desde el primer día el presidente sostuvo que nada está acordado hasta que todo esté acordado. Por eso es que los mensajes del Gobierno no son claros y eso, en vez de hacerle bien al proceso, lo que hace es darles herramientas a los opositores del proceso para torpedearlo, atendiendo a sus creencias ideológicas antes que a las del país.

Como ciudadano le pediría al Gobierno que sea más claro en sus mensajes, pues en nada le conviene al proceso la falta de claridad en lo que nos comunican. Bien difícil será que los colombianos salgamos con entusiasmo a votar un referendo por la paz, y mucho más si a esta altura del paseo no sabemos realmente para dónde vamos. Eso pasa cuando el mensaje es equívoco, pues mientras Santos anuncia que habrá cese bilateral, su ministro de Defensa sostiene lo contrario. Entre más aclaran, más oscurecen y eso es pésimo para el proceso mismo.

Por supuesto que el cese bilateral molesta a muchos, y no es para menos, pues ya sabemos que las Farc en el pasado han utilizado las prebendas que se les han dado para seguir delinquiendo, además de reorganizarse y rearmarse. Por eso resulta tan difícil pensar que el Estado podría renunciar a su deber constitucional de combatirlos sin que se haya firmado un acuerdo definitivo, un desarme verificable y el cumplimiento estricto de lo acordado.

Tal vez estoy demasiado optimista, pero como colombiano aspiro a que podamos vivir en paz. Eso no ha pasado en 50 años y es, hoy por hoy, una posibilidad real, muy real.

Notícula: Esta columna no aparecerá la semana entrante porque salgo de vacaciones unos días.

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