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ESTOY DE ACUERDO CON FERNANDO Toledo cuando, en su columna del sábado 23 de agosto en El Tiempo, define como deslumbrante la comedia musical Gaitán, de Misi y el equipo de Grandes Musicales. Es un capítulo nuevo en la brillante carrera artística de María Isabel Murillo y su equipo.
Su público, numeroso y fiel, ha estado acostumbrado a los musicales de navidad y a producciones de temas conocidos internacionalmente, como Jesucristo Super Star o Peter Pan. Ha sido una senda probada y exitosa. Al crear Gaitán, Misi ha dado un paso arriesgado y juega una carta insólita entre nosotros. Pero así son los grandes creadores.
Siempre están superándose, investigando, luchando con su propia obra, objetivándola, mirándola desde fuera y sorprendiéndose con sus propios resultados. Por eso, hizo muy bien Misi en producir el primer musical que se hace en Colombia sobre un acontecimiento histórico. Es una empresa de dimensiones colosales. Porque, más allá del los retos propiamente artísticos, como la música, el baile, los cantos, la escenografía, la tecnología audiovisual cada uno de los cuales requiere resolver obstáculos muy grandes Misi decidió realizar un musical basado en la vida de uno de los políticos más controversiales, quizá el más controversial, de nuestra historia.
Por esa razón, muy seguramente el contenido de este Gaitán generará aún más controversias. Personalmente, creo que es fiel al Gaitán de sus principales discursos y sus más importantes actuaciones políticas. Después de todo, los guiones fueron preparados por Arturo Tovar y por María Valencia nieta del caudillo basados en una ardua tarea de investigación de archivos, documentos y cartas. Gracias a ellos, este musical nos ayuda a entender dimensiones desconocidas de Jorge Eliecer Gaitán y su entorno familiar, como el importante papel de Amparo Jaramillo, no sólo como esposa del caudillo y como madre de su hija Gloria, sino como una permanente animadora y, por qué no, instigadora de sus actuaciones políticas.
Desde las primeras escenas, en las cuales los protagonistas se conocen y se enamoran, en el Club Unión de Medellín, ella muestra un gran conocimiento y una gran intuición política. Hasta, cuando en una dramática escena del final, Amparo le argumenta a su esposo que la oligarquía jamás le permitirá llegar al poder por medios pacíficos y, a gritos, lo insta a dar un golpe de Estado con el apoyo casi incondicional que tiene en la baja oficialidad de las Fuerzas Armadas. Es un musical que también hace reír. Hay una escena en la cual, jugando con su hija, Gaitán pronuncia un divertidísimo discurso a sus muñecas.
Y, consistente con el protagonismo de su esposa y de su hija, el musical también enfatiza varias veces los discursos de Gaitán por la igualdad de los derechos de la mujer frente a los de los hombres. Con un dramatismo sobrecogedor, la obra recrea escenas y pasajes de la vida política de Gaitán como las jugadas de tejo en el Campo Villamil, el periódico Jornada, la marcha de las antorchas y la manifestación del silencio. Y, por supuesto, el caos, desconcierto y movilización popular tras su asesinato en escenas que combinan la brillante actuación del elenco con las conocidas películas del 9 de abril proyectadas sobre los telones del fondo del escenario, en imágenes y sonidos que nos hacen estremecer.
Este musical recrea un país, una Medellín y una Bogotá que ya no existen. Es un mundo de hombres reunidos en los cafés y de mujeres en sus casas, todos escuchando a Gaitán en la radio. Quienes quieran apreciar una obra de calidad y recordar y conocer facetas desconocidas de la historia de Colombia no pueden perdérsela.