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La encrucijada de Juan Lozano

Por estos días, el ministro Juan Lozano cavila sobre su norte político: seguir en el Gobierno o aspirar al Congreso. Está comprometido a fondo con Uribe, pero con Vargas Lleras lo une una larga amistad personal y política.

14 de febrero de 2009 – 01:00 a. m.

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Después del lanzamiento de la precandidatura presidencial del ex ministro de Agricultura Andrés Felipe Arias, las conjeturas políticas están al orden del día. Y uno de los personajes más citados en las cábalas es el ministro del Medio Ambiente, Juan Lozano Ramírez. Que se va del Gobierno para encabezar una lista al Senado por Cambio Radical, que se queda para persistir al lado del presidente Uribe, que volverá a la arena política para buscar la Alcaldía de Bogotá. El nombre de Juan Lozano agita el sonajero.

No es para menos. El jefe de Cambio Radical, Germán Vargas Lleras, lo exalta públicamente. El presidente Uribe lo respalda sin condiciones. Lo único que tiene claro el ministro Juan Lozano es su hermetismo extremo y aunque sabe que hoy por hoy se ahondan las distancias entre el Primer Mandatario y el jefe de Cambio Radical, Lozano tiene un comentario estratégico para justificar su silencio: “Ojalá pudieran ser proyectos complementarios y nunca  incompatibles”. En el fondo sabe que más temprano que tarde tendrá que decidirse.

Nieto de Juan Lozano y Lozano —referente liberal en los años 30, 40 y 50—  por vía paterna y de Pacho Eladio Ramírez por herencia materna, Juan Lozano lleva la política en los genes. El mismo destino de Germán Vargas Lleras, nieto del ex presidente Carlos Lleras Restrepo. Los dos se conocieron de una manera peculiar. La primera vez que Juan Lozano entró a la Casa de Nariño fue para celebrar el cumpleaños del niño Germán Vargas Lleras, cuando su abuelo regía los destinos de Colombia. Desde entonces los une una estrecha amistad con lazos y vaivenes políticos.

Su primer punto de contacto político fue en 1979. Juan Lozano, aún sin graduarse como bachiller, se unió a los grupos juveniles que acompañaron al naciente proyecto político del Nuevo Liberalismo de Luis Carlos Galán. Con engrudo en mano, pegando afiches , Lozano trabajó como voluntario mientras constataba cómo Germán Vargas Lleras despuntaba en el mundo político, también acompañando a Galán.

El destino los unió en el vecino municipio de Bojacá (Cundinamarca), donde en 1986, a sus 22 años, Lozano fue designado como alcalde por el gobernador Manuel Infante, y Germán Vargas ofició como presidente del Concejo de la misma localidad. Dos años después, al calor del debate por la primera elección popular de alcaldes, al tiempo que Luis Carlos Galán regresaba al liberalismo y apoyaba al presidente Barco, Lozano fue designado secretario de Desarrollo de Cundinamarca y Vargas Lleras se ubicó en los cuadros clave del galanismo.

En esos avatares llegó el año 1989 y Luis Carlos Galán designó a Juan Lozano como su secretario privado. En el equipo de confianza del inminente ganador de las elecciones presidenciales, también estaba Germán Vargas. Ambos vivieron y sufrieron los aciagos momentos en que Galán fue asesinado en agosto de 1989. Lozano estuvo a su lado en la tarima. Vargas Lleras a pocos pasos. Los dos, junto a otros dirigentes, afrontaron la fallida tarea de tratar de salvarlo.

Al morir Galán, los destinos paralelos de Lozano y Vargas Lleras discurrieron por caminos alternos. Lozano salió elegido a la Asamblea de Cundinamarca y Vargas Lleras al Concejo de Bogotá. El primero entró a apoyar labores de coordinación en el

Partido Liberal, mientras el segundo ejerció la Secretaría de la colectividad. Cuando César Gaviria asumió la Presidencia, rápidamente Lozano ingresó al Gobierno como consejero presidencial para la Juventud, la Mujer y la Familia. Vargas Lleras empezó su carrera en el Poder Legislativo.

En 1993, Lozano dejó el Gobierno e incómodo por la decisión de la Constituyente de prohibir la extradición, tomó distancia del Ejecutivo y de su propio partido, para crear su propio movimiento: Colombia Siempre. Apenas tenía 29 años, pero un propósito político muy claro: fortalecerse en el Congreso. Sin embargo, se atravesó una situación inesperada: el triunfo de Ernesto Samper y el escándalo del Proceso 8.000. Desde el Senado, Germán Vargas acompañó al Presidente. Lozano prefirió tomar distancia.

Nunca se quebrantó su amistad personal. Entonces en la vida de Juan Lozano vino un súbito cambio: ingresó al periódico El Tiempo. Fue una larga e intensa actividad desde la reportería hasta la dirección de contenidos. La misma época en que Germán Vargas fue consolidando su liderazgo en el Partido Liberal. En 1998 otra vez se situaron  en esquinas contrarias: Vargas acompañó a Horacio Serpa y Lozano se alistó en las filas de Andrés Pastrana.

Cuatro años después  de nuevo se encontraron. Vargas Lleras tomó distancia del liberalismo, apoyó a Álvaro Uribe, pero se quedó sin aval para inscribirse al Congreso en 2002. Terminó haciéndolo por el movimiento Colombia Siempre, de Juan Lozano. Sin quererlo, los regresó a una causa común el presidente Uribe Vélez, a quien Lozano había conocido en 1990 durante un viaje a Paipa donde estuvieron a punto de ser blanco de un atentado de los enemigos del entonces senador antioqueño.

Lo demás es historia reciente. Juan Lozano aspiró a la Alcaldía de Bogotá en 2003 con el apoyo de Germán Vargas. Tras la derrota con Lucho Garzón, el presidente Uribe lo nombró consejero presidencial, mientras Germán Vargas concluía su mandato como presidente del Congreso. Ambos fueron alfiles determinantes para la reelección del presidente Uribe Vélez en 2006. Concretada la tarea, Lozano entró al Gobierno como Ministro del Medio Ambiente y Germán Vargas repitió en el Senado, respaldando la bancada uribista.

Todo iba sobre rieles hasta que empezó a cuajar la idea de un tercer mandato del presidente Uribe. Esa idea  llevó a Germán Vargas a distanciarse del Gobierno. Ahora  es claro que va a ser candidato presidencial, pero eventualmente tendría que enfrentar al presidente Uribe. Y  paradójicamente, hoy uno de los principales escuderos del Jefe del Estado, es su ministro Juan Lozano.

Por eso Lozano parece estar entre la espada y la pared. ¿Con quién se quedará? El reloj marca la cuenta regresiva de las inhabilidades electorales del 13 de marzo y el Ministro  sigue indeciso, aunque tiene claro qué significan el presidente Uribe y el ex senador Germán Vargas. “A Álvaro Uribe le debo admiración y respeto, y a Germán Vargas una profunda amistad”.  En los mentideros políticos no se descarta una solución salomónica: buscar su propio camino político.

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