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La primera parte de esta noticia es más que alentadora: el Índice de Desarrollo Humano, ese que refleja los avances de los países en salud, educación e ingresos, ha aumentado drásticamente desde 1970 (41% a nivel global y 61% en las naciones que han tenido históricamente un índice bajo). En la evaluación de desempeño, Colombia ocupó el puesto 87 entre 187 países.
Los anuncios positivos no paran allí: de mantenerse el actual ritmo, en 2050 más de tres cuartas partes de la población mundial habitará en naciones con un nivel de vida similar al de aquellas que hoy tienen una calificación muy alta. Así lo revela el Informe sobre Desarrollo Humano 2011, realizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
La segunda parte de esta noticia, en cambio, es lo suficientemente preocupante como para aguar la fiesta: el deterioro de la sostenibilidad ambiental se ha acentuado, aumentando las previsiones de efectos devastadores. En palabras de Naciones Unidas, “las recientes mejoras en el Índice de Desarrollo Humano se han conseguido a costa del calentamiento global”.
El informe va más allá al afirmar que el deterioro ambiental implica una “injusticia intrínseca”, pues la actual generación está viviendo a expensas de los recursos que pertenecen a todas las generaciones por venir. “Quienes nazcan hoy no debieran tener más derechos sobre los recursos de la Tierra que quienes habiten el planeta dentro de 100 o 1.000 años”.
Hay un gran desafío, dice el PNUD: romper ese vínculo destructivo que se ha creado entre crecimiento económico y degradación ambiental. “El desarrollo humano puede ser equitativo y sostenible en términos ambientales”. ¿Y qué es sostenibilidad?, se pregunta el informe, y cita al economista Robert Solow, quien en 1993 definió este término como “la obligación de dejar a la próxima generación lo que sea necesario para lograr un nivel de vida al menos tan bueno como el nuestro y que permita proveer en forma similar a la generación siguiente”.
“Tales derechos no se refieren sólo a la capacidad de mantener los mismos niveles de vida —continúa el informe—, sino también a tener las mismas oportunidades. (…) Por ejemplo, las actuales generaciones no pueden pedirles a las generaciones del futuro que respiren aire contaminado a cambio de tener más capacidades de producción de bienes y servicios. Ello restringiría su libertad de elegir el aire limpio por sobre más bienes y servicios”.
A lo largo del escrito hay frases apocalípticas como estas: “el mensaje es claro, nuestro modelo de desarrollo está topando con límites concretos”, “los ecosistemas son resistentes hasta un cierto grado. Pero es extremadamente difícil definir en qué punto se destruirán”, “podría estar en juego la supervivencia del propio planeta”, “la huella ecológica muestra que el mundo está superando con creces su capacidad de generar recursos y absorber desechos”.
Y para finalizar una sentencia enfática: “si todos los habitantes del mundo tuvieran el mismo patrón de consumo que quienes viven en los países con Índice de Desarrollo Humano muy alto, y el nivel tecnológico actual, necesitaríamos mas de tres planetas Tierra para soportar la presión que se ejerce sobre el medio ambiente”.