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Nada es sagrado

Santiago Villa
12 de enero de 2015 – 10:13 p. m.

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La sátira sin motivaciones políticas debe ser insensible a los lectores que no comprendan su humor.

El debate en torno a los límites de la libertad de expresión es uno de los efectos inevitables del asesinato de los doce caricaturistas, humoristas y periodistas de Charlie Hebdo.

Nadie que no esté convencido de un islamismo radical negaría que la masacre fue abominable. Sin embargo, muchos en el espectro progresista están cuestionando los límites de la libertad de expresión cuando esta ofende a ciertos grupos sociales, o supuestamente propaga ideas xenófobas. Se preguntan dónde hay que dibujar la raya. Algunos asumen que los dibujantes de Charlie Hebdo la cruzaron.

Joe Sacco, dibujante y caricaturista autor de Palestina, publicó en el Guardian una interesante viñeta-editorial que llamaba la atención sobre porqué los dibujos que ridiculizan a los símbolos sagrados musulmanes hieren una susceptibilidad especial. En un recuadro pinta la imagen de un prisionero torturado en Abu Ghraib, e invita a que nos hagamos la pregunta de «qué hace que los musulmanes en este momento y lugar no puedan reírse de una simple imagen». La respuesta implícita es la dinámica de imperialismo y sometimiento que ha creado un desequilibrio de poder entre las sociedades y los valores «occidentales», y los «musulmanes», a nivel geopolítico y local, como sucede dentro de Francia. Sacco invita entonces a reflexionar si es preferible dibujar líneas que unan fronteras, en lugar de líneas que alcen los dedos medios y le hagan pistola a los símbolos sagrados de los otros.

Es un argumento bienintencionado pero errado. La forma como la sátira equilibra el terreno de juego, la maniobra para hacer a todos iguales es desacralizando por igual. No es responsabilidad suya matizar los dardos que puedan herir susceptibilidades en grupos marginados. El equipo de Charlie Hebdo no era racista ni xenófobo, como se lo ha querido pintar. Era políticamente incorrecto. Hay una enorme diferencia. Tampoco es cierto que en su humor protegía a los judíos, pues la revista también ha sido acusada de ser antisemita. Un sello de la independencia es lograr molestar a todos.

En sus consejos de redacción cuidaban la forma de presentar las caricaturas para no enviar un mensaje de odio, sino de humor, pero algunos no entendían la broma. Eso no es problema de Charlie Hebdo. Sacco considera que esta no es la forma más noble de usar la pluma y quizás tenga razón, pero también tenemos que permitirle a Charle Hebdo no tener nada de noble, ni de elevado, ni de sagrado.

Y aquí va la segunda parte del argumento. La sacralización de Charlie Hebdo es también absurda y risible. Una fotoperiodista de formación francesa, con quien he trabajado varias veces, llamó mi atención sobre el hecho que no hay nada menos Charlie Hebdo que tocar las campanas de Notre Dame para homenajear a sus dibujantes. Que es una payasada el desfile de políticos europeos que fueron a marchar en París, y que el único momento Charlie Hebdo de la ceremonia fue cuando una paloma se cagó sobre François Hollande, el presidente de Francia, al darle el pésame a Patrick Pelloux, uno de los columnistas.

La única forma como una publicación satírica puede sobrevivir siendo fiel a sí misma es manteniéndose firme en el principio de querer hacer humor sin tener motivaciones políticas directas, y aceptando que no puede ser responsable por la ignorancia de la gente cuando la gente cree que sí las tiene. El humor de Charlie Hebdo no es para quienes se quedan en la lectura literal, ni es para personas impresionables.

Si hay musulmanes, judíos, cristianos, budistas, hinduistas, o ahora progresistas, que se sienten ofendidos por el humor de la revista, es problema de ellos. El editor de una publicación satírica debe ser indiferente a estas sensibilidades, aunque habrá decisiones difíciles en un consejo de redacción. Para el público la advertencia debe ser: si no le gusta la broma no compre la revista.

Quien no es capaz de reírse de sí mismo es más peligroso que quien se ríe de todo. Un ángel es más despiadado que un diablo. Nada es sagrado. Todo es una payasada. Siempre debe haber alguien que nos recuerde todo esto. Lastimosamente no es la primera vez que ese alguien muere por hacer el arriesgado papel del bufón. Tampoco será la última vez.

Twitter: @santiagovillach

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