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Un crucero de dos horas

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Un viaje entre Estambul y, digamos, Nápoles, debe obligatoriamente tomarse su dulce tiempo entre destino y destino, atracando aquí y allá.

Si el viajero hace lo propio por soltarle las riendas a la curiosidad, podrá atestiguar cuánta riqueza conforma la cultura de dos países tan aparentemente diferentes como Turquía e Italia, conectados en todo caso por ese gran vaso comunicante que es el Mediterráneo.

La noche del sábado 10, ese recorrido, que tradicionalmente toma unos 12 días navegando, pudieron vivirlo en dos breves horas quienes asistieron al escenario del puerto de Cartagena. “De Estambul a Nápoles” fue el nombre del recital de esa jornada, en el que los sonidos tradicionales de instrumentos turcos con más de 1.500 años de historia fueron contrastados con elementos provenientes de la tierra de la tarantela, con protagonismo acaso algo más marcial por cuenta de los cobres y la percusión.

De entrada, el grupo del turco Kudsi Ergüner sorprendió a un aforo poco familiarizado con una música tan específica como la devocional adscrita al sufismo. El sonido grave de la flauta ney, en ejecución del propio Ergüner, secundada por instrumentos tan tradicionales del antiguo imperio otomano como el ud, primo hermano del laúd medieval, y esa suerte de cítara llamada kanun, enviaron a la audiencia a otro plano, si no de un nivel religioso, al menos sí de reflexión y asombro.

Tras su presentación solista, diversos músicos adscritos a grupos como Gomalan, el Ensamble Ionico del saxofonista Mario Zurzolo, y el ya infaltable clarinetista Gabriele Mirabassi, se unieron para conformar lo que de manera itinerante se llamó Ensamble Mediterráneo, encargado de establecer el puente hacia Italia con obras turcas, griegas y chipriotas, más creaciones del propio Zurzolo, y la incorporación de una pieza compuesta para la ocasión, Macondo, del joven Luis Alberto Jerez. Ya para ese momento, las compuertas de lo que parecían ser simples contenedores se habían abierto para presentar en su interior, debidamente situados de frente a sus atriles, a los componentes de la Orquesta Sinfónica Joven de Cartagena, emprendimiento apoyado por la Sociedad Portuaria, patrocinadores de este recital.

Por segundo año consecutivo, a la pericia de los músicos y a la buena curaduría del Festival se le sumó la estética del puerto de Cartagena, que con su vocación momentánea de escenario nos recuerda que los muy prosaicos trabajos relativos al comercio marítimo, alguna vez, acaso en tiempo de piratas y corsarios, también solían ser mágicos.

* Jaime Andrés Monsalve B. /Jefe musical Señal Radio Colombia

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