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PRONTO VAMOS A COMPROBAR SI el carro del uribismo tenía tracción en las cuatro ruedas, pues en menos de tres meses perdió las dos traseras: la del impulso económico internacional, y la del apoyo incondicional de los Estados Unidos.
Sólo le quedan las llantas de adelante, pero gracias a la práctica militar de asesinar civiles inocentes, la de la seguridad democrática está pinchada.
El carro uribista sigue andando impulsado por la gran velocidad que traía, sostenido en la rueda que le queda: la del apoyo popular al Presidente. Pero si en realidad la tracción provenía de las ruedas traseras y las de adelante simplemente rodaban impulsadas, se detendrá pronto.
Durante seis años el carro uribista rodó solitario por una autopista despejada, pues la agenda política nacional transitaba exclusivamente por el carril de la derecha. Sólo ahora empezó a abrirse el carril del centro, el de las preocupaciones económicas, internacionales, democráticas, de Derechos Humanos y laborales. Y con la reapertura de la vía, pronto empezarán a circular otros carros que llevan años de resignada espera. Aunque el carro uribista les lleva mucha ventaja, puede ser alcanzado una vez se detenga.
Especialmente porque para tratar de sintonizarse con los nuevos tiempos, ha empezado a timonear hacia el carril del centro, que desconoce. Cuando se le acabe el impulso, seguramente hará un rápido cambio de llantas. Pero las nuevas de Derechos Humanos, de paz y de sensibilidad social, no son originales y le quedarán tan grandes, que harán que el carro pierda tracción.
La consecuente descompensación le quitará velocidad, y generará incomodidad para algunos de los tripulantes, como los militares, incertidumbre para otros como los empresarios, y sospechas para otros más como el nuevo gobierno estadounidense. Y disparará las ambiciones de los herederos políticos, que buscarán detener el carro para apearse y tomar uno propio.
Pero el mayor problema del carro uribista será que se acerca el vencimiento de su licencia de servicio público. Para conseguir una extensión requiere del apoyo de todos sus tripulantes, pero éstos dudarán en ayudar cuando se haga explícito que el cambio de llantas ha convertido el carro en un mamarracho. Las ambiciones de los políticos, los resentimientos de los militares, el escepticismo de los Estados Unidos y las preocupaciones de los empresarios, harán que los principales tripulantes prefieran detener el carro definitivamente.
Ante la situación, el conductor hará uso de sus habilidades histriónicas y su ductilidad. Pero tendrá pocas posibilidades de éxito, porque por la lentitud y el sobrepeso que viene recibiendo, la llanta que permanecía en buen estado, la de la popularidad, habrá empezado a desinflarse. Sin embargo, es posible que a base de golpes de opinión, el conductor logre avanzar un poco más.
Pero todo habrá terminado para el carro uribista, cuando sus tripulantes vean que han sido alcanzados por otros carros con llantas genuinas y conductores con mayor pericia para conducir por el centro. En ese momento entenderán que llegó el momento de buscar un nuevo medio de transporte que los conduzca seguros por la autopista de la historia.
*Analista político, investigador en opinión pública