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La corrupción en Colombia, como las Frunas, viene de todos los colores y sabores.
Por un lado está la megacorrupción, como aquella de los Nule y los Moreno, un “concierto para delinquir” que se llevó a cabo bajo la mirada bovina del Polo Democrático, cuya cabeza en su día —ante pruebas irrefutables del robo— se limitaba a afirmar: “Hay que mirarlo en perspectiva”.
Hay otro tipo de corrupción que el mismo Estado fomenta, patrocina o tolera por medio de leyes y reglamentaciones necias y peligrosas. El académico Eduardo Behrenz se refiere a una de ellas en su última columna (El Tiempo, enero 4/15): “… nuestro Código de Tránsito utiliza la figura de la inmovilización como instrumento de graduación de la sanción para más de 20 faltas…”. Por Dios, ¿a quién se le ocurre que pueda haber más de 20 faltas por las que un vehículo pueda ser inmovilizado en Colombia? En Europa y en Estados Unidos las razones para inmovilizar un carro se cuentan con dos dedos de la mano. Con razón, lo primero que un policía —con inocultable regocijo— le advierte a todo conductor es que muy seguramente va a tener que inmovilizar el vehículo.
Y como bien agrega Behrenz, el propietario de un carro que es objeto de embargo temporal es sometido a una cadena de abusos y expuesto a lo peor de la institucionalidad del sector transporte. Para el académico, “… durante la devolución la interlocución suele hacerse a través de intermediarios privados que despachan desde muladares, a quienes se les debe pagar en efectivo el costo de la grúa y los patios, y que entregan recibos escritos a mano que incumplen los requisitos tributarios. Esto significa que el mismo Estado trabaja de forma articulada con quienes incumplen la ley y genera incentivos perversos (a pesar de la imposición de comparendos) para posibles asociaciones entre los agentes encargados de los operativos y los dueños de grúas y patios… Los estacionamientos en que se retienen los vehículos rara vez cumplen con especificaciones técnicas que permitan garantizar la integridad y seguridad de los bienes allí consignados… Para completar el drama, para que el automotor sea retornado a su dueño se requiere un trámite ante la autoridad de Tránsito con jurisdicción en la zona en donde fue detectada la infracción, cuyos arbitrarios detalles sólo se conocen por medio de carteles publicados en sus desbaratadas sedes. Esto (a pesar de la Ley Antitrámites) suele implicar al menos dos días hábiles para recuperar el vehículo”.
Si se quiere empezar a estrangular la corrupción, la retención del vehículo no puede dejarse al arbitrio de un agente de tránsito. Y el que crea que entre las grúas, los tramitadores y los patios no existe una “cadena de la felicidad”, por no hablar de una mafia, es un tonto.
Apostilla 1. Los genios que pronosticaron que el piso del petróleo era 80 dólares, una vez se recuperen de la caída de 30 dólares adicionales, que pasen al tablero y escriban 80 veces: “No vuelvo a decir pendejadas”.
Apostilla 2. Si yo fuera Xi Jinping, el líder chino, no le soltaría un centavo a Maduro hasta que: a. Sincere los precios de la gasolina. b. Desmonte el diabólico control de cambios, principal combustible de la corrupción. c. Elimine el control de precios que hace que en Caracas se consigan 36 marcas de whisky, pero no aparezca en ninguna parte ni leche ni medicinas. De no hacer la salvedad, el chino estará botando su plata a la basura.