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Así como algunas personas del campo creen que se puede predecir el clima observando lo que ocurre en los primeros días del año nuevo, algunos economistas piensan que lo que pasa en esta época permite anticipar lo que vendrá en los meses siguientes.
Un analista del Financial Times, por ejemplo, encuentra una estrecha correlación entre lo que sucede en el arranque de las bolsas de valores con los retornos de las acciones en todo el año. Aunque estas ideas no parecen serias, hay que reconocer que 2015 comenzó movido y que, seguramente, los próximos meses también lo serán.
Los mercados internacionales del petróleo empezaron el año con una fuerte caída. El precio del crudo se situó por debajo de los US$50 por barril, un nivel ni siquiera sospechado hace unos pocos meses; menor, incluso, al de los presupuestos más pesimistas. Alarmadas, 47 de las 48 bolsas del mundo cayeron sincronizadamente con el arranque del año nuevo.
La situación europea siguió empeorando. La inflación fue negativa, un hecho que alentó los temores de una seria deflación. Pero la atención está concentrada en Grecia, donde las elecciones probablemente llevarán al poder a Syriza, un partido de izquierda comprometido con terminar la austeridad y renegociar la deuda, lo que podría llevar a ese país a abandonar el euro.
La economía que sí está despegando es la de Estados Unidos. Sus cifras de crecimiento y empleo son buenas, pero estos mismos hechos pueden llevar al Fed a elevar las tasas de interés para evitar presiones inflacionarias (algo que traería más devaluación a nuestras monedas).
En América Latina hay problemas por todas partes —Brasil, Argentina, Chile—, pero los casos más críticos, por supuesto, son los de Ecuador y Venezuela (además de la famosa escasez de papel higiénico, medicamentos y otros artículos, en el paraíso bolivariano ya no se consiguen papas fritas ni siquiera en McDonalds). Estos dos países están acudiendo afanosa y dócilmente a China para financiar sus graves desequilibrios financieros, según algunos expertos, a cambio de exigentes condiciones. Parece que Correa y Maduro no toleran al tío Sam ni al FMI, pero se transan de buena gana con el imperialismo de un país que se dice marxista.
Mientras esto ocurría en el resto del mundo, Colombia se desemperezaba en medio de solazos, heladas y de bellísimos días de brillante luz fría (acá en el centro del país). En los primeros días del año nuevo el dólar brincó y se acercó a $2.450. La Bolsa cayó y los TES subieron. Luego los mercados se recuperaron un poco al mismo tiempo que se encapotaban los cielos sabaneros.
Acosado por la falta de dólares, Ecuador impuso una onerosa salvaguardia a nuestras exportaciones industriales, una medida que, por sí sola, puede tener un impacto serio sobre el crecimiento de uno de los pocos sectores que, con su dinamismo, podría compensar el golpe petrolero.
Los campesinos que todavía confían en sus cabañuelas de siempre se alarmaron con la intensidad del verano en el arranque de 2015 y con los pronósticos del Ideam —tal vez basados en esas mismas cabañuelas— de que, al fin y al cabo, sí se nos vendría encima el fenómeno del Niño. Si el verano se prolonga hacia todo el primer trimestre, tendremos también problemas de abastecimiento de alimentos y mayores presiones inflacionarias.
Ya veremos. El año económico comienza, de verdad, el próximo martes.