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El camino de la mandolina

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Desde los ocho años, Avi Avital supo que para dedicarse a la mandolina se necesita más que ganas y curiosidad.

En su natal Beerseba, ubicada al sur de Israel, creció en una población en la que sus padres eran judíos marroquíes y los vecinos compartían la misma raza, pero no la primera bandera: en una misma cuadra se podía encontrar argentinos, polacos, rusos y hasta estadounidenses. Esa multiculturalidad terminó acercándolo a la mandolina, un instrumento con más de cuatro siglos de existencia que todavía es visto como menor y para el que es difícil encontrar un profesor en las academias.

En un conversatorio moderado por el historiador y escritor Juan Esteban Constaín, en el cuarto día del Cartagena Festival Internacional de Música, el israelí abrió su propia charla en la Capilla Sofitel Legend Santa Clara acompañado del percusionista Itamar Doari y la acordeonista Ksenija Sidorova. Tras un breve concierto en el que interpretaron piezas de la popular hebrea, repasó sus orígenes y su actualidad. “Mi primer profesor fue un violinista ruso que casi por obligación se dedicó a enseñar mandolina, porque no tenía más opción en el instituto. Aprendí a tocar el instrumento con la técnica de un violinista. Cuando llegué a Padua, Italia, para continuar mis estudios, me di cuenta de que tenía una formación extraña. Tuve que reconstruir mi técnica, pero eso no significa que haya hecho las cosas mal al principio”, dijo.

En un diálogo ameno, también se refirió a la influencia mediterránea en su obra. El país de sus padres, el suyo e Italia, su segunda casa, son bañados por el mismo mar. Por sus costas han compartido diversas expresiones culturales, de las que reconoce beber la espontaneidad de la música balcánica, la griega y la misma italiana. “Mi objetivo como artista es hacer un diálogo entre lo clásico y lo folclórico. Es lo que procuro en cada obra”.

Radicado en Berlín, ciudad que según él vive un esplendor en las artes similar al de París a principios del siglo pasado, se despidió anticipando que en su próximo álbum interpretará música popular veneciana del siglo XVII y confesó que, mientras esté en Carta, cada noche continuará visitando bares de salsa, un género que le gustaría explorar en el futuro.

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