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EL POPULISMO ES UN FENÓMENO interesante. Ejerce un dominio de la palabra y abusa de ciertos conceptos como pueblo, soberanía, independencia y libertad. Los discursos de Chávez, Correa, Morales, Kirchner y Ortega están plagados de referencias simbólicas llenas de poder oratorio pero vacías de contenido.
El pueblo es el concepto más manoseado. Todo se hace para y por la voluntad del pueblo. La realidad es que por pueblo estos gobernantes entienden el coro de áulicos que se benefician directamente de sus medidas restrictivas. En Venezuela han acuñado el interesante concepto de “boliburgués” para referirse a esta nueva casta política que se lucra directamente de los subsidios e intervenciones del Estado. Es ante este “pueblo” que a los líderes populistas les gusta hacerse aplaudir y lisonjear.
Soberanía es otra palabra profusamente utilizada. Es en nombre de la soberanía que Ecuador y Venezuela imponen, por ejemplo, medidas proteccionistas contra países como Colombia. El populismo utiliza la noción de soberanía para no honrar sus compromisos financieros, nacionalizar las industrias o prohibir la iniciativa privada. La soberanía es el mejor escudo para cometer arbitrariedades y desconocer las leyes.
En nombre de la independencia económica se utilizan profusamente los recursos públicos para desarrollar industrias inviables que reciben subsidios para ofrecer bienes y servicios escasos y de baja calidad. Venezuela es un excelente ejemplo de esta estrategia que tiene a los venezolanos peleando por leche, huevos y pan en los supermercados. En nombre de la independencia económica, la presidenta de Argentina prohíbe las exportaciones y genera un inmenso caos en el sector agrícola de su país.
La libertad es sin duda el concepto más distorsionado. No hay libertad sino para los amigos del régimen. Los críticos son perseguidos, amedrentados o acosados económicamente. La libertad de prensa es maniatada y sometida a estricta vigilancia. Los opositores son amenazados con una justicia manipulada y politizada. El populismo es por definición intolerante y no acepta sino la adhesión total. Quien no aplaude y aprueba es desplazado.
El populismo es xenófobo y ve en el extranjero una amenaza. Morales y Ortega son fieles exponentes de esta línea. Todo lo malo que sucede en sus países es siempre culpa del extranjero. El populista recurre al enemigo externo para justificar todos sus fracasos internos. Hermoso ejemplo de esta actitud son los atropellos del presidente Correa contra los colombianos.
Ironías de la vida, los populistas necesitan el capitalismo para subsistir. ¿Qué haría Venezuela sin el petróleo que le compran los Estados Unidos? Sin el dinero proveniente de las economías de las que tanto denigran, no son nada. La caída del ritmo de actividad del mundo capitalista tiene asfixiados a los bocones. Ecuador otra vez se quebró. Venezuela va por el mismo camino y pronto. Bolivia y Nicaragua tienen cada día más pobres. En Argentina hay una fuga masiva de capitales producto de la desconfianza que inspira la señora del ex presidente.
Lo más triste de todo este proceso es que, una vez caiga el tinglado populista, los primeros perjudicados son los ciudadanos de esos países y especialmente los más pobres, que son los primeros en dejarse seducir por los demagogos de turno.