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Días cruciales para posible intervención en Siria

Hoy el Congreso de Estados Unidos comienza a discutir un eventual ataque al gobierno de Damasco, al tiempo que Barack Obama se juega la batalla política más grande de su segundo período presidencial.

08 de septiembre de 2013 – 04:00 p. m.
El presidente Barack Obama se dirigirá a los ciudadanos mañana para justificar su posición.  / AFP
El presidente Barack Obama se dirigirá a los ciudadanos mañana para justificar su posición. / AFP
Foto: AFP - KIRILL KUDRYAVTSEV

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Hoy, cuando en el capitolio se comience a tratar el tema de una eventual intervención militar en Siria, algunos de los congresistas ya habrán visto el video que el Comité de Inteligencia del Senado les envió: varias pilas de cadáveres en un salón, hombres y niños convulsionando y asistentes improvisados que no saben qué hacer. Es un video que impresiona y en el que reina la tragedia. ¿Por qué enviarlo a los congresistas? Porque la Casa Blanca tiene el propósito de que ellos entiendan cuáles han sido las consecuencias de las armas químicas empleadas por las fuerzas del presidente de Siria, Bashar al Asad, contra sus enemigos y, sobre todo, para que entiendan la necesidad de aprobar un ataque.

La Casa Blanca y el presidente Barack Obama tienen el acelerador a fondo en este tema. El secretario de Estado, John Kerry, se reunió con sus colegas de Arabia Saudí y Egipto, así como con representantes de la Liga Árabe. La diplomacia internacional de Washington prepara el terreno para una intervención militar, mientras a nivel interno la tarea no luce menos colosal.

La Cámara de Representantes, de mayoría republicana, no parece dispuesta a ver cómo su país protagoniza una guerra más y las encuestas a ciudadanos dan una aceptación de entre el 30 y el 40% a una operación militar en Siria. Obama, quien ha recalcado la necesidad de la intervención nada a contracorriente, pero no parece dispuesto a rendirse: hoy recibirá en la Casa Blanca a las grandes cadenas de televisión para concederles una entrevista y mañana pronunciará un discurso en el que intentará persuadir a toda la nación —congresistas incluidos, por supuesto— de que merece ser apoyado en su postura.

En opinión de Michael Shifter, presidente del Diálogo Interamericano, “Obama está jugándosela toda porque sabe que para lograr lo que considera correcto tiene que golpear contundentemente en la opinión pública”.

Así que el presidente llega a los días más complicados de su segundo período al frente de la nación en una disyuntiva que, cualquiera sea su resultado, asegura Shifter, tendrá un costo muy alto.

Perder esta mano significaría para Obama ver reducido el poder de su partido (el Demócrata) por el del Republicano, una derrota que debilitaría su liderazgo y el del propio país en el escenario internacional. Ganar, por otra parte, implicaría que el presidente que habló de terminar todas las guerras tenga que recapitular y girar su discurso para justificar el inicio de una nueva por propia determinación.

Las discusiones en el capitolio se extenderán por los próximos días, albergando la posibilidad de ue las votaciones se lleven a cabo en la segunda mitad de la semana, cuando la campaña persuasiva se verá enfrentada a su desenlace. Hoy el panorama luce adverso para las intenciones de Obama, quien goza de la mayoría partidaria en el Senado, pero padece de la minoría en la Cámara, donde sus intenciones necesitan tener al menos 218 votos aprobatorios. De su lado tiene a los líderes de las bancadas, Nancy Pelosi y John Boehner, quienes ya se han mostrado a favor de una intervención militar.

“Un ataque militar sin la aprobación del Congreso está descartado —sentencia Shifter—. Ante un escenario contrario, el gobierno debe estar trabajando en escenarios alternativos, como la firma de un compromiso internacional por parte de Bachar al Asad, en el que se evidencie su compromiso de cesar en la utilización de arsenal químico.

Obama, en el ámbito internacional, y a costa de múltiples manifestaciones populares que piden evitar una guerra, ha logrado conseguir el apoyo de los miembros del G8, a excepción de Rusia (Alemania, Reino Unido, Japón, Canadá, Francia e Italia), que en cabeza de su presidente Vladimir Putin ha advertido que no dejará de vender armas al gobierno de Damasco. Sin embargo, este apoyo no trae consigo la participación en las operaciones políticas, pues varias de estas naciones avisaron que serían parte hasta tanto sean concluidas las pesquisas de la ONU sobre el terreno.

En ese sentido, el periódico Los Ángeles Times publicó un informe citando fuentes anónimas del Pentágono, en el que se anticiparía la estrategia de un eventual ataque militar: tres días en los que se realizará una masiva descarga de misiles sobre objetivos definidos. Los oficiales citados la calificaron como una “demostración de fuerza”, pero fueron claros al afirmar que el ataque “no tendrá impacto estratégico sobre la situación actual en la guerra (…), los combates podrían durar todavía otros dos años”.

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