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EL CASO DE LOS FALSOS POSITIVOS, sobre el que nos hemos pronunciado en esta columna, volvió a ponerse en la primera línea del análisis por cuenta del interesante debate que esta semana sostuvieron en La Hora de la Verdad el ex ministro Fernando Londoño Hoyos y la aguda investigadora y periodista Natalia Springer.
Yo sigo creyendo que deben darse condenas ejemplarizantes en aquellos casos donde se ha surtido un proceso en el que el acusado cuente con todas las garantías para ejercer su derecho a la defensa y se halle que es culpable.
Revisando detenidamente el caso de los 27 militares que fueron destituidos a finales del año pasado, se encuentra que ninguno de ellos fue oído. Al respecto, Natalia Springer sostiene que no era necesario, pues el alto mando podía disponer el retiro de estos hombres en virtud del principio de la disciplina operacional, argumento altamente discutible, pues no existen antecedentes en el derecho que justifiquen un proceso así sea de tipo disciplinario, donde el acusado no sea notificado de los cargos ni sea escuchado por quienes lo están investigando.
Como se ha podido demostrar, ni los oficiales ni suboficiales retirados intempestivamente del servicio fueron llamados a declarar previamente ante la comisión que investigó el caso de los desaparecidos de Soacha. Es más. Hoy, cuando han pasado casi 4 meses de su destitución, aún no han dado su versión sobre los hechos que les imputan.
Esos hombres han sido prejuzgados, no se les han brindado las suficientes garantías para su defensa, no han conocido las pruebas que supuestamente pesan contra ellos, por no hablar del informe que elaboró la comisión que para ese caso conformó el Ministerio de Defensa, el cual ha sido calificado como un secreto militar, razón por la que se les ha impedido el acceso al mismo.
En medio del debate entre el ex ministro y la investigadora, surgió por parte de ella un comentario ligero e impreciso, al aseverar que en el grupo de los militares destituidos está el ex comandante del Ejército, general Mario Montoya. Eso no es cierto. Él salió porque pidió la baja, porque renunció de manera irrevocable como muestra de su desacuerdo por la medida adoptada, la cual no le fue consultada. Él, al igual que el resto del país, se enteró de esa decisión a través de los medios de comunicación.
Finalmente, y para evitar que la historia se desfigure y se vaya por el sendero de las especulaciones y del sensacionalismo, no está de más aclarar un asunto que a la postre puede constituirse en el punto de inflexión de las investigaciones. Me refiero a los informes forenses de la Fiscalía General de la Nación, los cuales son normales y en ninguno de ellos se encuentran anomalías. Así, queda desvirtuado lo dicho por Natalia Springer cuando sostiene que algunos de los cadáveres aparecieron con uniformes intactos, a pesar de que sus cuerpos fueron perforados por las balas.
Vale insistir en la importancia de este delicado caso. Está en juego el honor de 27 militares y del Ejército Nacional. Por eso, debe adelantarse un análisis con apego a la verdad, evitando emitir juicios inexactos y teatrales que poco le aportan al esclarecimiento de la verdad.
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Fabulosa la premier que esta semana hizo El Espectador de Slumdog Millionaire, una hermosísima película que espero gane el Oscar a la mejor del año. Son dos horas en las que se experimentan todas las emociones, desde la tristeza hasta la alegría. Hay que verla.