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Unos sí, otros no

01 de mayo de 2009 – 09:40 p. m.

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Varias veces he mandado cartas a El Espectador esperando verlas publicadas…

Esta vez aspiro a ser compensado, pues lo que trato tiene que ver con un asunto fundamental e inherente a la libertad de expresión y a la inexcusable necesidad de ser escuchado por los argumentos y no rechazado por la suspicacia. Ya es hora de hacer autocrítica, ¿no es cierto, señores de El Espectador? Así, ¿por qué ustedes y los medios en general se ensañan con la figura del “indio” Rojas Birry (y esto no encierra apología alguna de mi parte hacia el Personero de Bogotá: juzgarlo no me compete) y no con un alto funcionario de la “Casa de Nari”, por ejemplo, uno solo (no aspiro a hazañas de la justicia…), que se lo merezca de sobra? ¿Por qué se le pone sólo a él, como a cualquier Yidis o Teodolindo, en el patíbulo, si no sólo él pudo haber recibido dinero de DMG, como se desprende de las declaraciones de Jorge Iván Bonilla publicadas en la edición del domingo 26 de abril de 2009? ¿Por qué nunca han aparecido en primera plana de El Espectador los hijos del presidente Uribe, Tomás y Jerónimo (Tom & Jerry, como dicen Tola y Maruja) máxime ahora que se han visto favorecidos, al parecer de manera ilegal, con la llamada Zona Franca de Mosquera, o han recibido la manito negra de Andrés Carriel Gallego, ministro de Transporte, para permitir el paso de la doble calzada Bogotá-Faca frente a una finca de propiedad de aquéllos, en un caso que recuerda al camino de los López hacia “La Libertad”, que en este caso debería conducir hacia la condena, no propiamente kafkiana? ¿Cuándo, por fin, nos va a dar, no digo el placer pero sí la posibilidad, de comprobar que, después de todo, hay justicia poética (la que está por encima de la de los hombres y de la de Dios que, por lo dicho en el ensayo de Héctor Abad el mismo domingo, no existe), al ayudar a destapar la olla podrida de los últimos dos gobiernos de un solo dictador, presentando en primera plana de la edición dominical al responsable de los crímenes de Estado, que no falsos positivos, eufemismo para ablandar un asunto gravísimo sobre el cual se tendió, de forma tan hábil como sucia, la débil cortina de humo de DMG? ¿Cuándo conocerá el país a través de los medios, ya no sólo de El Espectador, la realidad detrás de la manipulada y manipuladora novela de las ‘chuzadas’ en el DAS, la que por lo que se sabe ya recibió el sesgo del Absolvedor Ordóñez? ¿Cuándo, y no por último, se le revelará al país la verdad detrás de los desplazados, caso de insondable envergadura al que un tristemente célebre “ex asesor” de Palacio llamó “migrantes”, en un acto execrable de insolidaridad humana, pero de natural recibo dado de quien proviene? 

 Luis Carlos Muñoz Sarmiento. Bogotá.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com

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