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Ha pasado un año de numerosos acontecimientos en Colombia y en el mundo. Gran parte de la atención estuvo en las elecciones, donde primó el triunfo de aquellos que creen en la solución del conflicto a través de un proceso de paz negociado. Este proceso ha continuado con algunos tropiezos naturales y otros creados por aquellos enemigos que buscan pescar en río revuelto. Hay que darle, finalmente, una oportunidad a la paz.
El proceso es complejo y continuará. Se espera que en este 2015 se concrete y se llegue a un feliz término, pues el gran reto estará en poner en marcha los acuerdos, pero, aún más, en hacer de Colombia un país en paz. Si la guerrilla no lo hace con este gobierno, tomará mucho tiempo volver a tener otra oportunidad. Hay temas negociados respecto a mayor inversión social, política de tierras y participación política, todos esenciales. Pero en la medida en que haya pobreza, y una brecha social y económica tan grande, persistirán los problemas.
La discutida reforma tributaria, que ya fue sancionada por el presidente, se ha hecho para tener mayores recursos para la paz. Pero no se trata sólo de tener mayores ingresos, sino de hacer más eficiente el gasto público: habría que revisar, por ejemplo, si la política de subsidios es la mejor. En vez de entregar un salario a los desmovilizados por seis meses o un año, sería mejor entregar recursos a quienes den empleo o apoyar a quienes creen empresa. Y como dice el dicho: “No hay que dar pescado sino enseñar a pescar”. La gente prefiere recibir subsidios y no trabajar.
Igualmente importante es que seamos conscientes de que la paz no son sólo acuerdos, sino que hay que construirla día a día a través de la educación, los medios de comunicación y con campañas ciudadanas. Y en este sentido es absurdo, por ejemplo, que en la reforma tributaria se usara el término de “impuesto a la riqueza” como una forma de confrontación y lucha de clases. Y si hay diferencias hay que tratar de reducirlas con el vocabulario. El Estado debe crear conciencia de que la paz y el desarrollo son un problema de todos, no sólo del Gobierno, y ahí son necesarios tanto liderazgo como campañas educativas, que nos lleven a ser “parte” y no “contraparte”, que es como muchos se sienten. Lo importante, finalmente, es sentirnos parte de esta sociedad.
El 2015 será importante para el país y para poner a prueba quiénes somos y qué aspiramos como sociedad.