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Vuelve la revaluación

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EL PAÍS VOLVIÓ A LA SITUACIÓN DE alarma cambiaria que se sufrió en los años pasados.

El precio del dólar ya se acerca a los $2.000, y no pocos analistas piensan que pronto caerá por debajo de este número. Los exportadores, los receptores de remesas y todos aquellos que dependen de los desembolsos de dólares están asustados.

  La breve devaluación de los primeros meses del año,  que hizo llegar la tasa de cambio a más de $2.500, le dio un alivio transitorio a los exportadores que ya estaban sintiendo que la demanda de sus productos estaba cayendo en forma aguda a causa de la severa recesión mundial, la crisis de Venezuela y la de Ecuador.

 Ahora, con dólar de $2.000, los exportadores están en el peor de los mundos: sus ingresos caen a dos manos, por la revaluación y también por la recesión internacional.

 La causa de la revaluación del peso frente al dólar no es otra que la notable devaluación del dólar frente a casi todas las monedas del mundo. El origen de este fenómeno es la incertidumbre sobre el futuro de la economía de Estados Unidos por su enorme déficit fiscal y la gigantesca expansión monetaria que han producido sus autoridades para combatir la recesión. Por el temor de la inflación en Estados Unidos, la gente de todo el mundo está buscando otras monedas. Esto ha venido ocurriendo en prácticamente todos los países de todas las latitudes, de Australia a Chile, pasando por Europa y Brasil.

 En forma complementaria, también contribuye a la revaluación  la percepción de que la crisis está comenzando a tocar fondo, un fenómeno que ha hecho que se recupere algo de la confianza en el futuro de la economía mundial, de tal forma que los capitales, antes completamente temerosos, han comenzado a fluir, tímidamente todavía, hacia los países emergentes.

 En el caso de Colombia, el Gobierno, en lugar de ayudar, está agudizando el  problema de los exportadores. Hasta hace un par de semanas, la Tesorería había desembolsado un volumen neto de casi US$1.800 millones por concepto de crédito externo, una suma elevada para el mercado cambiario del país. Después de tener en cuenta el uso de recursos externos para el pago de intereses de la deuda, el impacto neto en el mercado monetario ha sido de cerca de US$600 millones.

 El problema es que el Gobierno, ante la debilidad de los recaudos tributarios, ha decidido elevar su endeudamiento externo y traer esos recursos y convertirlos a pesos para atender sus crecientes gastos. El déficit del Gobierno Central, después de que había sido enmascarado con recaudos excepcionalmente altos en los años de la burbuja, volverá a situarse en cifras del orden del 4% del PIB, un porcentaje a todas luces preocupante.

 Aunque buena parte del mercado financiero todavía no percibe el mayor riesgo fiscal del Gobierno, algunos expertos internacionales, como el economista argentino Guillermo Calvo, han insistido en que en Colombia se viene incubando un problema que no puede ser desconocido.

Es inaplazable que el Gobierno estudie la mezcla de su deuda. Para que el Gobierno no profundice la revaluación, es necesario, en el corto plazo, elevar las emisiones de TES y decrecer los enormes desembolsos de deuda externa. Hay algún margen de acción en este campo.

Pero, más allá de la coyuntura, el país debe comenzar a prestarle cuidado al problema fiscal que tendrá una preocupante manifestación en 2010.

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