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El presidente italiano Giorgio Napolitano sorprendió a la clase política de su país al anunciar el nombramiento de dos científicos y dos artistas como nuevos senadores vitalicios.
Las cuatro nuevas figuras políticas con las que Napolitano pretende refrescar, al menos ligeramente, la mala imagen del Senado italiano son el premio Nobel de Física Carlo Rubbia, la especialista en células madre Elena Cattaneo, el director de orquesta Claudio Abbado y el arquitecto Renzo Piano.
Rubbia, un hombre de 79 años, llega al Senado respaldado por ser, junto a Simon van deer Meer, quien descubrió dos partículas físicas (bosones W y Z) cuya existencia explica la llamada «interacción débil», una de las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza. Gran parte de su carrera transcurrió como miembro de CERN (Organización Europea para la Investigación Nuclear). Un nombramiento que nadie cuestionó.
No sucedió lo mismo con la llegada de Elena Cattaneo, de 51 años, a la clase política italiana. Cattaneo, quien dirige el Laboratorio de Biología de Células Madre y Farmacología de Enfermedades Neurodegenerativas de la Universidad de Milán, ha sido recientemente cuestionada por dar su respaldo a una serie de estudios basados en un controvertido método de investigación relacionado con células madre.
Por su parte, el músico Claudio Abbado no necesita mucha presentación. Nacido en Milán en 1933, es considerado uno de los grandes directores de orquesta europeo. Fue director musical del Teatro de La Scala, también de la Ópera Estatal de Viena y de la Orquesta Sinfónica de Londres.
El último en la nueva lista de senadores es Renzo Piano, arquitecto de fama mundial cuyos diseños se han convertido en símbolo de varias ciudades alrededor del mundo. Entre sus obras más destacadas figuran el aeropuerto internacional de Kansai Osaka (Japón), el museo Nemo en Ámsterdam (Países Bajos) y la Academia de Ciencias de California (EE.UU.), entre muchos otros.
De acuerdo con las leyes italianas, cada presidente puede nombrar cinco senadores vitalicios. Estos senadores gozan del mismo poder de voto de los senadores elegidos popularmente. Desde 1948, cuando se creó esta norma, tan sólo dos científicos habían recibido el nombramiento.