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‘Joaquín Gómez’ vs. el general Flórez

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La verdadera paz se pacta entre los guerreros. De lo contrario, lo más seguro es que el acuerdo fracase pues, si quienes disparan los cañones están en contra del proceso, sus zancadillas pueden acabar por dinamitar la paz.

Y, justamente, la presencia en La Habana de Milton de Jesús Toncel Redondo, de 67 años, alias Joaquín Gómez, comandante del Bloque Sur de las Farc, exprofesor de la Universidad de la Amazonia formado en la Unión Soviética, antiguo militante de la Juventud Comunista, dirigente guerrillero desde hace más de tres décadas, ingeniero agrícola nacido en La Guajira, garantiza eso: que serán dos duros de la guerra los que pactarán los detalles técnicos en el terreno militar que permitirán volver realidad tangible el sueño de la paz.

En efecto, la subcomisión del fin del conflicto la compondrán, del lado del Gobierno, un estratega militar experto en las Farc, en sus puntos de concentración, en su estrategia y en sus debilidades, el general Javier Flórez, quien hasta agosto era jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Militares y uno de los oficiales claves en las operaciones más exitosas, entre ellas las que condujeron a la muerte de Raúl Reyes, el Mono Jojoy y Alfonso Cano, jefe máximo de esa guerrilla. Y a las Farc las representará Joaquín Gómez, el líder de su línea dura quien, además, es un hábil político que perteneció al equipo negociador de las Farc ante el gobierno de Andrés Pastrana.

Gómez es uno de los hombres más poderosos de esa organización y de él se dudaba que acogiera los acuerdos ya que, en febrero, cuando se destapó el escándalo de las chuzadas a los negociadores de La Habana, Joaquín pidió que se hiciera una pausa en el proceso para “digerir” y “analizar” lo ocurrido y que se depuraran las Fuerzas Armadas, pues algunos de sus miembros conspiraban contra la paz. Así, pues, su participación garantiza la unidad de las Farc en torno al proceso.

Sin embargo, su presencia puede hacer más arduas las discusiones: yo conocí tangencialmente a Joaquín Gómez en el año 2000, cuando, por razones periodísticas viajé por un par de días al Caguán. Durante los 15 o 20 minutos que conversé con él, tuve la impresión de que estaba ante un hombre inteligentísimo, con sentido del humor, claro en sus propósitos y convicciones, hábil político, frentero y con capacidad de decir no. De modo que su participación en la subcomisión para acordar el fin del conflicto, si bien pude dificultar las discusiones, debe garantizar que los acuerdos a los que se llegue sean claros y que a ellos se acoja la principal estructura militar de las Farc.

Incluso las propias Farc afirmaron en un comunicado que la presencia de Joaquín en Cuba “expresa (su) determinación de avanzar hacia la firma del acuerdo final”.
Como lo ha repetido el presidente Juan Manuel Santos, “la paz la hacen los enemigos, no los amigos”. Y eso es justamente lo que va a ocurrir ahora en La Habana: que aparte de la mesa de negociación en la que el equipo de Humberto de la Calle y Sergio Jaramillo abordará los temas más difíciles (justicia y resarcimiento de víctimas), un par de enemigos acérrimos pactará la desmovilización y el desarme.

¡Son buenos augurios para una paz definitiva! 

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