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El regalo de la educación

Nicholas D. Kristof
29 de diciembre de 2014 – 09:00 p. m.

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Puerto príncipe, Haití- la mayoría de nosotros se habría rendido en la situación de Nikenson Romage.

Su padre murió cuando él tenía tres años de edad y su mamá —vendedora de comida— a menudo no podía solventar sus cuotas escolares. Así que él era expulsado cada cierto tiempo de la escuela por falta de pago, humillante ordalía que lleva a algunos niños a dejar los estudios para siempre.

Sin embargo, Nikenson solía colarse de nuevo a instalaciones escolares y pararse afuera de los ventanales abiertos de las aulas y espiaba, día tras día. Estudió por cuenta propia, manteniendo el paso para que, cuando su mamá lograra reunir a duras penas unos pocos dólares, él pudiera reingresar a clases hasta que llegara el vencimiento del próximo pago escolar.

En contra de todas las probabilidades, Nikenson se graduó del bachillerato este año, en primer lugar de su clase, con puros dieces, y sus compañeros lo eligieron presidente de la clase. Nikenson es un recordatorio del aforismo básico de la vida actualmente: el talento es universal, no así la oportunidad.

Para buena fortuna, con la ayuda de donadores estadounidenses, Nikenson ahora recibe una educación universitaria que lo impulsará a la élite de Haití. Él es uno de los beneficiarios de un programa lanzado por Conor Bohan, joven estadounidense que estuvo enseñando en una preparatoria haitiana y al cual le consternaba que una de las mejores alumnas en la escuela no pudiera pagar los 30 dólares del registro universitario. Él sacrificó sus ahorros para enviarla a la universidad (ahora ella es médica). Después, él acudió a familiares y amigos para ayudar a otros haitianos a que asistieran a la universidad. El programa creció y se convirtió en el Programa Haitiano de Educación y Liderazgo, conocido como HELP por sus siglas en inglés, enviando a cientos de hombres y mujeres jóvenes a universidades haitianas.

“La educación funciona”, dijo Bohan llanamente. La buena educación es útil para todos, en todas partes. Funcionó para usted, para mí, y funciona para los haitianos».

A todas luces, es más difícil de lo que parece acometer la pobreza mundial y Haití es un buen ejemplo. Sus calles están llenas de camionetas deportivas de lujo blancas que transportan por todas partes a trabajadores humanitarios, pero sigue siendo el país más pobre del Hemisferio Occidental.

Con el paso del tiempo he llegado a la conclusión de que, por sí sola, la educación pudiera ser la mejor forma de ayudarle a la gente a que se ayude a sí misma, ya sea en Estados Unidos o en el extranjero. Sin embargo, como país, los estadounidenses invertimos muy poco en educación, tanto en el ámbito nacional como en el exterior. Así que, en esta temporada de celebraciones, yo sugeriría un momento para elevar una copa y celebrar a aquellos que extienden el regalo transformador de la educación.

Hace unos cuantos días vimos la noticia del horrendo ataque del talibán paquistaní en una escuela de Peshawar. El talibán ataca escuelas porque entiende que la educación corroe al extremismo; desearía que nosotros también absorbiéramos esa lección. En su primera campaña presidencial, el presidente Barack Obama habló de lanzar un fondo mundial de educación, pero todo parece indicar que olvidó la idea. ¡Desearía que él la reviviera!

Me impresiona en particular el modelo de HELP, en parte debido a una genial manera de volver sustentable el programa: los ganadores se comprometen a devolver 15 por ciento de su ingreso durante los primeros nueve años en sus empleos. Eso constituye una fuerte suma. Los graduados de HELP perciben en promedio 15.000 dólares anualmente, comparado con el ingreso per cápita en Haití de un poco más de 800 dólares, en tanto las cuotas universitarias son muy baratas si se comparan con los estándares estadounidenses.

Un brillante graduado de preparatoria, Elice Oreste, estaba trabajando de aprendiz de carpintero en una remota comunidad y ganaba apenas 50 dólares al mes. HELP lo envió a la universidad para que estudiara ingeniería industrial y él acaba de graduarse. encontrando empleo de inmediato en una empresa europea como ingeniero de mantenimiento, por 1.500 dólares mensuales.

“La única diferencia es su acceso a la educación”, nota Bohan.

Una beca de HELP también está transformando la trayectoria de Anne Martine Agustin, huérfana que estudia ingeniería eléctrica. Ella diseñó una aplicación para preparación ante desastres en Haití que ganó una competencia de programación del Banco Mundial.

El siguiente gran recurso aún no explotado en países pobres no es petróleo u oro, sino personas como ella. Así que, con el respaldo de donadores en su mayoría estadounidenses, HELP recorre el país en busca de graduados brillantes, pero en la pobreza, del bachillerato. Una vez que son elegidos, los estudiantes reciben asesoría en inglés, uso de computadora y tanto liderazgo como servicio público. El objetivo radica en fomentar un cuerpo élite de artífices del cambio para construir el país.

“Nadie conoce Haití mejor que los haitianos”, destaca Leonardo Charles, elegido para una beca después de que quedara entre los primeros cinco lugares en exámenes nacionales, al tiempo que también sirvió como presidente de su clase en la preparatoria y editor del diario estudiantil. “Si es que habrá cambio, vendrá de nosotros”.

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Así que brindo con mi rompope por todos aquellos que promueven la educación tanto en el país como en el exterior, propagando así la oportunidad. Es la versión actualizada de darle a una persona una caña de pescar en vez de un pescado.

En una fiesta, un trabajador de ayuda de Occidente le preguntó alguna vez a Bohan si los graduados de HELP serían capaces de encontrar empleos.

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“Mire a su alrededor en esta sala”, dice Bohan que él contestó. “Puedo reemplazar a cada persona blanca en esta sala con un haitiano”.

Nicholas D. Kristof

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