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EE.UU. atacaría en solitario

Obama está evaluando la acción militar tras el rechazo del Parlamento británico a la participación del Reino Unido, pese a las reticencias de numerosos congresistas y la ciudadanía.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, se está jugando su credibilidad y la de su país en el ataque contra Siria, que dicen es cuestión de horas. / AFP
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, se está jugando su credibilidad y la de su país en el ataque contra Siria, que dicen es cuestión de horas. / AFP
Foto: AFP - SAUL LOEB

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Aunque oficialmente no se ha tomado ninguna decisión, Barack Obama parece dispuesto a actuar en solitario contra Siria, después de que el Parlamento británico votara contra los planes del primer ministro británico, David Cameron. Los principales responsables de la administración estadounidense en materia de seguridad informaron al Congreso sobre las pruebas de que, según sus servicios de inteligencia, el régimen de Bashar al Asad utilizó armas químicas contra los rebeldes.

“Estamos al tanto del voto del Parlamento británico. EE.UU. continuará trabajando con el Reino Unido, uno de nuestros aliados más cercanos. Como hemos reiterado, el proceso de decisión del presidente Obama se guiará por lo que sea mejor para los intereses de este país. Él cree que los intereses vitales de EE.UU. están en juego y que los países que violan la legislación internacional sobre el uso de armas químicas deben asumir todas las consecuencias”, señaló la Casa Blanca. La ausencia de Londres puede obligar, en todo caso, a disminuir el número de objetivos militares y la duración de la campaña.
La obligada deserción de Cameron deja a Obama en una soledad que ningún presidente de EE.UU. había conocido en décadas. Desde hace más de un siglo y con escasas excepciones, el gran primo británico ha estado ahí cada vez que Washington ha requerido su colaboración en materia militar. Queda Francia, cuyo presidente, François Hollande, compartía estos días el tono bélico de Obama y Cameron, pero habrá que esperar a ver si París, que tiene sus peculiaridades en política exterior, sigue hasta el final.

Obama no parece tener más remedio que continuar, ahora ya de acuerdo a su propio calendario, probablemente sin más preocupación que esperar a que los inspectores de Naciones Unidas que se encuentran en Siria salgan del país, lo que ocurrirá este fin de semana. La noticia sobre el revés sufrido por Cameron en el Parlamento cayó como una bomba en Washington al final de una jornada en la que Obama se había enfrentado a dudas crecientes sobre la legitimidad y la oportunidad del ataque previsto sobre Siria.

Más de un centenar de miembros de la Cámara de Representantes, la mayoría republicanos, pero también algunos demócratas, han dirigido una carta a la Casa Blanca en la que exigen una votación sobre los propósitos del presidente en Siria. Existe un debate no resuelto sobre si Obama está obligado constitucionalmente a solicitar permiso del Capitolio antes de proceder a un ataque, pero otros presidentes no lo han creído necesario en situaciones similares en el pasado y ahora tampoco parece que Obama esté dispuesto a someterse a un debate que, conociendo los antecedentes de muchos republicanos en la Cámara, bien podría degenerar en una lista de condiciones sobre la reforma sanitaria o cualquiera otra de las obsesiones de la oposición conservadora.
Como solución de compromiso, Obama ha optado por enviar al secretario de Estado, John Kerry, el de Defensa, Chuck Hagel, la consejera nacional de Seguridad, Susan Rice, y otros responsables de la inteligencia y del Pentágono para que compartan con los principales responsables de ambas cámaras los datos de los que dispone la administración.

La Casa Blanca confía en que eso será suficiente para satisfacer las sospechas que en este momento confiesan algunos congresistas, empezando por el presidente de la Cámara, John Boehner, bien de que la operación militar obligue a Estados Unidos a involucrarse en una nueva guerra en Oriente Próximo o bien de que el ataque sea tan limitado que no tenga el menor impacto en el régimen sirio.

Pero al parecer EE.UU. también le dará algo más de tiempo a Naciones Unidas, aunque sin vincular su decisión final a las resoluciones que adopte o deje de adoptar ese organismo. Los inspectores podrían terminar su trabajo en Damasco este fin de semana y regresar a Nueva York para informar sus resultados el domingo al Consejo de Seguridad. Si sus conclusiones fueran contundentes, lo que no es probable, aún cabría una posibilidad de votar una resolución que permitiera el uso de la fuerza. Pero si el informe final de los inspectores deja lugar a interpretaciones, como se espera, EE.UU. se vería obligado a actuar sin esa luz verde.

Todas esas dudas son la demostración de la gran complejidad del ataque que está a punto de producirse. Desde el principio se supo lo comprometida que era una intervención en Siria, y por eso Obama se ha estado resistiendo durante más de dos años. Pero ahora, después de que, de acuerdo con los datos de inteligencia que presentó el secretario de Estado, John Kerry, Al Asad cruzara la línea roja, la credibilidad de Obama y la de EE.UU. están en juego. Y ahora, por tanto, no le queda más remedio que aceptar esos peligros y confiar en que los planes militares estén bien hechos y en que las amenazas de Damasco y Moscú no sean más que meras bravuconadas.

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