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2015: los retos de la paz

Luis I. Sandoval M.
27 de diciembre de 2014 – 09:20 p. m.

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Noto que es prácticamente unánime la opinión de que 2015 será el año definitivo de la paz.

Se espera que sea el año de la firma de acuerdos con las FARC y de avances sustantivos en conversaciones con el ELN y la disidencia del EPL. Cada día son menos las opiniones que consideran viable la validación de acuerdos en las elecciones de octubre. Sin embargo, es general la consideración de que sería necio que las insurgencias prolongaran de tal manera los diálogos que los acuerdos y su validación quedaran fuera del gobierno Santos.

Lo anterior implica que aún le quedan enormes retos por superar al proceso de paz y que el esfuerzo de gobierno, insurgencia y sociedad para superarlos tiene que ser muy grande. Aquí una palabra sobre este álgido asunto.

El reto de la credibilidad: hacer creíble el proceso depende de que la gente del común se beneficie de él y así lo entienda y sienta.

El reto de la validación: muchos están aún de espaldas al proceso, muchos lo malentienden, muchos se oponen férreamente.

El reto de la participación: los sectores de la sociedad que están convencidos del proceso experimentan enorme dificultad para expresarse, articularse y movilizarse. ¿Y los no convencidos?.

El reto del cumplimiento: el gobierno adelanta una estrategia más de propaganda que de preparación efectiva para cumplir los acuerdos. Inclusive da la impresión de estar creando nuevas contrariedades en los propios temas que han sido objeto de preacuerdo en La Habana (ley de baldíos).

El reto de las garantías: la contención de las posturas anti-acuerdos en instituciones, fuerzas armadas, mundo paramilitar y bacrim no está asegurada.

El reto de la transición con cambio: existe una concepción de paz con un mínimo de cambios y otra como ocasión propicia para un conjunto significativo de cambios que reconfiguren la vida del país desde territorios y regiones.

¿Cómo hacerle frente a estos retos? Las responsabilidades corresponden a tres grandes actores: gobierno, insurgencia, sociedad. Los tres han de interiorizar que es la hora de la paz sin vencedores ni vencidos y que es preciso no dejarla pasar. Si no se aprovecha, lo que venga después será peor para todos. No hay ninguna posibilidad de un futuro mejor para nadie fuera de la paz.

El Estado no puede seguir descohesionado, con doble discurso, doble agenda y atrasado en la disposición de infraestructura y recursos para la paz. No puede seguir ocurriendo que, más allá de la obvia separación que constitucionalmente los caracteriza, los diferentes poderes públicos emprendan caminos distintos frente a la paz. Se requiere un plan de Estado para la transición de la guerra a la paz.

Las insurgencias no pueden aspirar a hacer la revolución en la mesa de diálogo, lo que necesitan es tramitar razonable y decorosamente la correlación de fuerzas existente y la conversión del proyecto armado en proyecto civil. La sociedad tiene que ser plenamente consciente de que cada día que transcurra del proceso de salida política, se ampliarán sus roles y responsabilidades para cuyo cumplimiento debe disponerse con creatividad y decisión oportunas.

El plan de desarrollo de la segunda administración Santos, el desescalonamiento del conflicto, las elecciones de octubre son tres grandes oportunidades para demostrar que el país emprende definitivamente el camino de la paz. La reconciliación debe ser de realidades más que de palabras. En todo este trasegar, complejo e incierto, podrán jugar ahora un papel relevante los Consejos nacional y territoriales de paz mediante su adecuada reactivación. No puede caber duda de que el 2015 será clave para la paz.

lucho_sando@yahoo.es / @luisisandoval 

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