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ESTAS FIESTAS DE CADA AÑO LLEvan a recordar momentos de otras épocas y relacionarlos con el presente. Una de mis ilusiones de juventud fue la mecanografía y hoy, al encontrarme con esta página en blanco del ordenador electrónico, la memoria vuelve a la Remington, la máquina de escribir a la que nunca se le fue la luz ni se le borró lo ya escrito.
Mis primeros días de aprendiz de periodista se facilitaron por haber participado en concursos de rapidez mecanográfica. Hoy continúo tecleando con los diez dedos en el computador, pero sigue vigente en la mayoría de los mecanógrafos el chuzógrafo con sólo dos o tres dedos.
Una prueba inolvidable fue en 1937 cuando tuve que copiar en cuartillas para el linotipo los principales editoriales y artículos publicados en los primeros cincuenta años de este periódico. Una experiencia útil, porque obligó a entregar a tiempo el material para la edición conmemorativa y muy grata por el contacto, palabra a palabra, con los grandes escritores de la Colombia que comenzaba a ensayar mejores formas de servir a la patria con criterio liberal, y al liberalismo con criterio patriótico. Lo mismo que muchos queremos que ocurra en 2.010.
Conservo la vieja Olivetti italiana que saca de apuros cuando falla la internet. Es una pieza de museo, que puede ser como el ábaco, que sigue siendo más seguro que las computadoras minúsculas de hoy, que también fallan cuando se acaba la pila o se bloquea el sistema.
Coletilla. Un deseo para el año que llega es que la internet se perfeccione tanto como aquellas fieles y firmes máquinas de escribir.