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GRAN MEDIOCRIDAD TIENE QUE haber en la política colombiana para que algunos escojan como personajes de 2009 a la carencia de terna en la Fiscalía, a Valencia Cossio, al Procurador o a las incertidumbres de alma de nuestro Presidente.
Pero que la revista inglesa The Economist destacara a Shakira como líder mundial sobresaliente y este diario a Juanes como personaje del año es la reconfirmación de que lo político ya no pasa necesariamente por los canales habituales.
Para Shakira, el tema prioritario en Latinoamérica es la educación; sus colegios de pies descalzos subsanan errores y desigualdades. Cuando Juanes se atreve a romper en la frontera o en Cuba los esquemas estrechos de lo políticamente correcto, su impacto es mucho mayor que el de cancilleres grisáceos, cuyo principal oficio es matizar los sobresaltos generados por sus jefes.
En parte, los dos artistas responden al anhelo colectivo de encontrar héroes míticos, que hoy surgen de combinar la presencia en los medios con ejecutorias concretas. Como Hércules y sus trabajos, o Sísifo con su peñasco, son modelos por su tenacidad, pero, a la vez, satisfacen la necesidad de inmediatez creada por los mismos medios. Además, generan la convicción de que se salen de su oficio habitual, no por interés, sino por gratuidad, puesto que ya han llegado a la cima en otras esferas, y se sitúan, por lo mismo, como semidioses, ajenos a las ordinarieces de la política.
A diferencia de Juanes y Shakira, no son héroes quienes, como Aura Cristina Geithner o Nicolás Montero, y por qué no, el profesor Moncayo o un David Sánchez Juliao, tienen la ilusión vana de trasladar al Congreso su prestigio individual para volverlo una hazaña colectiva.
Lo más cuestionable, sin embargo, es que los partidos los promuevan, lo que demuestra, una vez más, que no están dispuestos a cambiar de esquema. Tampoco, a aceptar el reto de despertar a los abstencionistas, en su mayoría jóvenes, que podrían interesarse en otra dimensión de lo político, como lo ambiental o el empleo. Ojalá que estas nuevas estrellas de la política no sean un mal presagio de dudosa renovación en 2010.