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Entre 2009 y 2010, según cifras de la Federación Nacional de Comerciantes (Fenalco), el contrabando de cigarrillos aumentó en un 400%, al pasar del 1,2% al 7% de participación del mercado de tabaco en Colombia.
En la Costa Caribe la incidencia del contrabando alcanza el 23,6% y en el departamento de Antioquia 11,7%. Esta última cifra preocupa a las autoridades, porque es en esa zona del país donde más se consume el producto.
Este incremento en las ventas ilegales llama la atención, ya que precisamente se empezó a dar en el mismo período en el que entró en vigencia la Ley 1335 (Ley Antitabaco), época en la que arrancó la prohibición de la venta a menores de edad y el consumo de tabaco en ciertos lugares como centros comerciales, bares, discotecas, tiendas, ferias y sitios de espera.
Los últimos alcances de la ley, que comenzaron a regir el 21 de julio de este año, como la prohibición de la venta de cigarrillos al menudeo y la publicidad de productos de tabacos en tiendas y establecimientos comerciales, produjeron una serie de cambios en la comercialización y el consumo de cigarrillos.
En 2005 se vendieron en Colombia 24.000 millones de unidades de cigarrillos. Para 2010 las ventas se redujeron 29% aproximadamente, para un total de 17.000 millones vendidas. Y se espera que para 2011 esta cifra descienda a 15.600 millones de unidades.
Al respecto Guillermo Botero Nieto, presidente de Fenalco, le contó a El Espectador que la disminución en las ventas se debe a que el contrabando le ha ganado terreno a la legalidad, en parte debido “a la prohibición de la publicidad y las demás disposiciones de dicha ley, como la venta al menudeo. Esto ha producido que el negocio de comercialización se convierte ahora en una actividad pasiva que no cuenta con herramientas para persuadir el consumo, pero que su misma inercia mantiene los niveles de venta a la baja”.
Además de las razones anteriores, Botero subraya que no se puede perder de vista el aumento del 50% del impuesto al consumo de cigarrillo que se estableció en 2010, el cual pasó de $400 a $912 por cajetilla, razón por la cual se incrementó el contrabando.
Humberto Mora, director de Asuntos Corporativos de Coltabaco —empresa de Philip Morris International—, asegura que aparte del incremento al impuesto, “en todos los países en donde se ha implementado una legislación severa para frenar el consumo de cigarrillo se ha disparado el contrabando y Colombia no es la excepción”.
Mora cita a la empresa consultora Euromonitor para advertir que “este fenómeno ha alcanzado un 15%, con lo cual los departamentos han dejado de recibir unos $150.000 millones entre 2010 y junio de 2011”.
De acuerdo con la Dirección de Aduanas e Impuestos Nacionales (DIAN), “gracias al contrabando, entre los impuestos a las importaciones y al consumo, el país deja de percibir $50.000 millones al año. Sin embargo, esta cifra puede ser mayor en 2011”.
“Cuando se ponen más restricciones tiende a incrementarse la actividad ilegal”. Es la conclusión a la que llega Bernardo Escobar, director de gestión de Aduanas de la DIAN, quien advierte que “las marcas contrabandeadas son desconocidas y que la mayoría provienen de Paraguay, China, Panamá y Aruba, son muy baratas y como el impuesto que cancelan es de acuerdo con el valor de la cajetilla, entonces pagan el más bajo”.
De acuerdo con un estudio realizado por Protabaco, productora de cigarrillos en Colombia, propiedad de la multinacional British American Tobacco (BAT), “vienen ingresando al país más de 130 marcas de contrabando, marcas que se comercializan a precios desde $500 la cajetilla, cuando el impuesto mínimo que debe pagar una cajetilla en Colombia es de $700”.
Según Escobar, «la mayoría de esta mercancía entra al país por Maicao, y para contrarrestar el contrabando el Gobierno está tramitando un decreto para esta región del país, que consiste en restringir el ingreso de cigarrillos al consumo que registran las autoridades para esta región y el porcentaje que se exporta”.
Además, la DIAN tiene plazo hasta junio del año entrante para crear un sistema de identificación único nacional que le permita identificar las cajetillas contrabandeadas y falsificadas.
“Con el Plan Nacional de Desarrollo estamos mirando nuevos sistemas de identificación y rastreo de cigarrillos, que es con un sistema que se llama Sonir. Además, con esto se le da posibilidad a la DIAN de crear un sistema único a nivel nacional para saber en cualquier momento de dónde proviene tal cajetilla, quién la importó y si cumple con todos los requisitos legales. A partir de la lectura de la información que esté encriptada en la cajetilla se sabrá si es de contrabando o es falsificada”, explica Escobar.
Guillermo Botero, presidente de Fenalco, afirma que el mayor perjudicado por el aumento del contrabando es el sistema de salud.
“Por cada cajetilla de cigarrillos que se vende en Colombia, se recauda un 40% del valor para impuestos departamentales, cuyos recursos, en la práctica se destinan en un 100% al sector salud. Es decir, que por cada $2.000 que se destinan al consumo de cigarrillo, $800 son percibidos por las entidades de salud. $48.000 millones es la suma que el contrabando le está robando a la salud”.
Añade además que “la aplicación de la Ley Antitabaco tiene varios efectos sobre la salud: en principio genera un bienestar social en la medida en que busca garantizar espacios libres de humo, pero a su vez la disminución en el consumo implica menos recursos para las entidades departamentales de salud”.
Mucho humo en la práctica
Mientras que los tenderos antes obtenían de una cajetilla de cigarrillos, vendiéndola al menudeo, una rentabilidad entre $2.000 y $4.000, según Juan Ernesto Parra, director de Fenaltiendas, ahora sólo perciben $400.
La Ley se tiene que cumplir y por ello Fenalco dio inicio a una campaña que contempla, en su fase inicial, la entrega de 150.000 cartillas y autoadhesivos que ilustran cómo identificar las cajetillas de contrabando y las consecuencias de comercializar estos productos.
Ayer, en una rueda de prensa, Guillermo Botero, presidente de Fenalco, reconoció que la tarea no es fácil “porque definitivamente el contrabando es un negocio sumamente rentable. Los tenderos se encuentran en la disyuntiva de pagar o no impuestos, de incrementar sus ventas o disminuirlas, lo que ha sido el efecto de la ley”.
Si bien cada día los tenderos disminuyen sus ventas, en las calles la situación es distinta. Algunos vendedores informales siguen expendiendo los cigarrillos al menudeo y sacando provecho de lo dictado por la ley. En sus coches y carritos ambulantes guardan en un compartimiento no visible las cajetillas abiertas, listas para aquellos clientes que prefieren pagar más caro por un cigarrillo que comprar y fumar un paquete de 10 ó 20 unidades.
Si antes se pagaba aproximadamente entre $300 y $400 por un Marlboro rojo, ahora los ingeniosos vendedores lo cobran a $600. Además, esta nueva modalidad del negocio se ha estratificado. Por ejemplo en Bogotá, en el exclusivo sector de la calle 82, donde operan centros comerciales, discotecas y bares, ese mismo cigarrillo puede costar $1.000.
Aunque existen clientes para la anterior modalidad, hay otros que se acogieron a la ley y compran por paquete, pues Juan Ernesto Parra, director de Fenaltiendas, afirma que “sí ha aumentado la venta de las cajetillas en las tiendas”.
Aún falta conocer si la Ley Antitabaco tendrá impacto alguno en las enfermedades que sufren los colombianos por causas relacionadas con el consumo de tabaco.