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En los albores de este 2015, en el que llegaremos a la paz si somos capaces de comprendernos y de comprender al otro, de perdonarnos y de perdonar a los demás, les regalo, queridos lectores, este poema de ese gran peruano que fue César Vallejo, y que habla del género humano, de nosotros, del hombre, sí, de ese que llora, trabaja y ama, pero, a veces, también, “suda, mata y luego canta…”.
Y es justamente con ese hombre —incluidos nosotros mismos— con el que tenemos que aprender a convivir…
Los invito a que sembremos, pues, esa semilla de comprensión que nos permita, como dice él, hacerle a ese hombre una seña y darle un abrazo emocionado.
Considerando en frío, imparcialmente
Considerando en frío, imparcialmente,/ que el hombre es triste, tose y, sin embargo,/ se complace en su pecho colorado;/ que lo único que hace es componerse de días;/ que es lóbrego mamífero y se peina…
Considerando/ que el hombre procede suavemente del trabajo/ y repercute jefe, suena subordinado;/ que el diagrama del tiempo/ es constante diorama en sus medallas/ y, a medio morir, sus ojos estudiaron,/ desde lejanos tiempos,/ su fórmula famélica de masa…
Comprendiendo sin esfuerzo/ que el hombre se queda, a veces, pensando,/ como queriendo llorar,/ y, sujeto a tenderse como objeto,/ se hace buen carpintero, suda, mata/ y luego canta, almuerza, se abotona…/ Considerando también/ que el hombre es en verdad un animal/ y, no obstante, al voltear, me da con su tristeza en la cabeza… Examinando, en fin, sus encontradas piezas, su retrete,/ su desesperación, al terminar su día atroz,/ borrándolo… Comprendiendo/ que él sabe que le quiero,/ que le odio con afecto y me es, en suma,/ indiferente… Considerando sus documentos generales/ y mirando con lentes aquel certificado/ que prueba que nació muy pequeñito…/ le hago una seña, viene,/ y le doy un abrazo, emocionado./ ¡Qué más da! Emocionado… Emocionado…
P.D.: Un retablo con ese poema que, por ejemplo, colgado en la pared frente a la cama, podrían releer en cada amanecer, se lo estoy enviando con una nota similar, no sólo a mis hijos y a parientes y amigos, sino también, entre otros, a los siguientes colombianos: Juan Manuel Santos, Timochenko, Álvaro Uribe, Gabino, Grl. Jorge Mora, cardenal Rubén Salazar, Felipe Zuleta, Néstor Morales, Grl. Óscar Naranjo, Iván Márquez, Belisario Betancur, Pablo Catatumbo, César Gaviria, Ernesto Samper, Antonio García, Andrés Pastrana, Juan Carlos Pinzón, Humberto de la Calle, Alejandro Ordóñez, Frank Pearl, Grl. Antonio Herrera B, Luis Eduardo Montealegre, Padre Darío Echeverry, Sergio Fajardo, Sergio Jaramillo, Clara López, Gonzalo Córdoba, Jorge Robledo, Julio Sánchez Cristo, Lina Moreno, Enrique Peñalosa, Antanas Mockus, José Obdulio Gaviria, Antonio Navarro, Gustavo Petro, Óscar Iván Zuluaga, Germán Vargas Lleras, Martha Lucía Ramírez, Alfonso Gómez Méndez, Claudia López, Enrique Santos, Alejandro Santos, Felipe López, Jerónimo Uribe, Tomás Uribe, Juan Lozano, Yolanda Ruiz, Rodrigo Pardo, Juan Carlos Iragorri, Hollman Morris, Vladdo, Vicky Dávila, Roberto Pombo, María Isabel Rueda, Antonio Morales, Daniel Coronell, María Jimena Duzán, León Valencia, Daniel Samper Ospina, Antonio Caballero, Fidel Cano, Darío Arizmendi, Gustavo Gómez, Diana Calderón, Alberto Casas, María A. Villamizar, Héctor Osuna¸ Luis Carlos Vélez, Yamid Amat, Martha Ortiz Gómez, María Elvira Dominguez, Marco Schwartz, Gabriel Reyes, Ramiro Bejarano, María Fernanda Cabal.
¡Feliz Año!
* * *
Y a esa poeta gigante, a esa gran mamá y a esa gran colombiana que es Maruja Viera, le deseo un cumpleaños muy feliz en este 25 de diciembre en que llega a sus 92 años con su cabeza perfecta y su corazón de quinceañera. ¡Que cumplas muchos años más, Maruja, por lo menos mientas yo viva!