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Invencible

Alberto Donadio
23 de diciembre de 2014 – 06:25 p. m.

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Es de esperar que “invencible”, la película dirigida por Angelina Jolie y filmada en Australia, sirva para que los espectadores se apresuren a leer el libro extraordinario en el cual está basada.

Especialmente el público de los países no angloparlantes, donde la obra de Laura Hillenbrand no ha tenido hasta ahora el éxito superlativo que se merece.

En Estados Unidos se han vendido casi cuatro millones de ejemplares de Unbroken, la historia real de Louis Zamperini, un atleta neoyorquino que participó en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936 y que en 1943 se salvó del accidente de un bombardero en el Pacífico, sobrevivió en una balsa, fue ametrallado desde el aire por un avión japonés y tocó tierra en una isla tomada por los japoneses, que lo llevaron como prisionero de guerra a Japón, donde fue torturado hasta cuando en 1945 los aliados ganaron la guerra.

Laura Hillenbrand es justamente catalogada en Estados Unidos como maestra de la narrativa. Es imposible abrir Invencible (también traducido como Inquebrantable) y no seguir leyendo. Hillenbrand no usa adjetivos, los reemplaza por hechos y detalles que son los que conducen la narración. Desde que apareció en 2010, el libro ha estado en la lista de los más vendidos de The New York Times. La autora solamente ha escrito otro volumen, la historia de Seabiscuit, un caballo que ganó carreras en los años treinta. También ese tomo fue una revelación inconmensurable, del cual igualmente se hizo una película.

Pero hay otra razón adicional para admirar a Laura Hillenbrand, para admirarla con reverencia. Ella, como su libro, es invencible. Hace 25 años (hoy tiene 47) no sale de la casa, no puede salir de la casa. Tiene una crudelísima enfermedad llamada encefalomielitis miálgica o síndrome de fatiga crónica. Además de que viven sin energía y con el malestar de huesos y músculos, propio de la influenza (pero no por unos días, sino por todos los días de la vida), las víctimas de esta enfermedad desarrollan otras dolencias adicionales. Ella sufre de vértigo permanente. Seabiscuit lo investigó y lo escribió en la cama, acompañada de un teléfono y de un fax. Una de las escritoras de más éxito en los últimos años no puede ir a presentar sus libros, porque el vértigo ha aumentado. No puede fijar los ojos sobre las páginas de un libro porque sufre mareos. En lugar de leer escucha audiolibros, centenares de audiolibros. Este año ha escuchado ocho novelas seguidas de Edith Wharton. Dice que los libros oídos, no leídos, le ayudan a escribir mejor: “La buena escritura tiene una cualidad musical, una cualidad matemática, un equilibrio y un ritmo. Eso se detecta mejor cuando se lee en voz alta”.

Más de un millón de personas sufren de encefalomielitis miálgica en Estados Unidos, cifra que supera a los pacientes de lupus, esclerosis múltiple y varios tipos de cáncer. Muchos han tenido que padecer además la incomprensión de los médicos y de la familia, como le sucedió a Laura Hillenbrand. Su mamá inicialmente no creyó que estuviera enferma, pese a que estaba postrada en cama. Quienes sufren de este síndrome pueden estar experimentando dolores atroces sin exhibir señal alguna de enfermedad, pues los exámenes clínicos revelan una aparente normalidad.

Cuando Laura Hillenbrand escriba el libro sobre la fatiga crónica finalmente el mundo se enterará de la prisión inicua en que viven estos condenados al martirio.

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