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Migrantes y desplazados

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NO SE LES HAN ESCUCHADO A LOS candidatos presidenciales propuestas sobre la acción del Estado en relación con los 4 millones de colombianos residentes en el exterior y los cerca del 3,5 de millones en situación de desplazamiento por causa del conflicto interno. Ello sorprende, en la medida en que sumados representan cerca del 17 % del total de la población del país.

En Colombia estos fenómenos terminan por formar parte de una cotidianidad y tienden a olvidarse. En la tragedia humanitaria que supone el desplazamiento forzado, Colombia ostenta un lamentable segundo puesto en el contexto mundial, sólo Sudán tiene más desplazados. Éstos continúan siendo invisibles, alguna relación debe existir con su no presencia en las encuestas. La Corte Constitucional ha actuado para que el Gobierno cumpla su obligación de garantizar un mínimo vital a estos compatriotas que lo han perdido todo. Incluso han sufrido la afrenta por parte de un asesor presidencial que queriendo negar este desastre humanitario los llamó “turistas internos”.

Se ha querido igualar el concepto de desplazado con el de desmovilizado, para que la sociedad confunda a la víctima con el victimario. Otra es la situación de los colombianos que abandonaron el país en la búsqueda de un futuro más promisorio. Las remesas enviadas desde el exterior representan un renglón importante para la economía nacional y un recurso fundamental para la subsistencia de comunidades enteras. Así, el fenómeno migratorio colombiano al exterior se hizo visible con un tinte marcadamente economicista. Hoy la crisis global se ensaña sobre ellos, cerrando a una gran mayoría las posibilidades de permanecer allí. Los elevados índices de desempleo en el Eje Cafetero, que en ciudades como Pereira, Ibagué, Manizales y Armenia alcanzan niveles entre el 17 y el 21%, podrían ser explicados parcialmente por el retorno de los migrantes, pero también y de manera importante por la caída de las remesas, acentuada por la revaluación del peso. Se disminuye el consumo, por ende la actividad industrial y comercial y aumenta, por reducción del ingreso, la búsqueda infructuosa de empleo.

Los servicios del Estado al migrante internacional son limitados e insuficientes; basta oír las dificultades a veces insuperables para el cambio de cédula, por ejemplo.

De tiempo en tiempo, antes de la crisis financiera se analizaba el denominado “milagro irlandés” para ver cuáles de sus enseñanzas se podrían aplicar a Colombia. Sin embargo, no se analizó uno de los hechos más importantes, y en el cual existen ciertas similitudes con nosotros: la diáspora.

Hay estudios que muestran cómo la migración irlandesa pudo contribuir al desarrollo económico; cómo se aprovecharon las relaciones de los emigrantes con la política y la economía del país receptor. Se contactó a los que trabajaban en las multinacionales para facilitar la vinculación de éstas a la economía Irlandesa. Asimismo, la participación de los emigrantes en el proceso de paz de Irlanda del Norte fue significativa. Gerry Adams, jefe político del Ira, movimiento terrorista, fue recibido por el presidente Clinton en la Casa Blanca gracias a la presión de los irlandeses y de sus descendientes para iniciar el exitoso proceso de paz.

Un candidato como Mockus, hijo de inmigrantes, que además de tener el escaso don del “pensamiento original” cuenta con la sensibilidad de la justicia social, está en capacidad de formular y ejecutar una política que beneficie al país, a sus migrantes y desplazados.

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