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Pelota quieta

Iván Mejía Álvarez
20 de diciembre de 2014 – 09:00 p. m.

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Negar la importancia que tiene en el fútbol de hoy la pelota parada, el juego de la estrategia preparando jugadas a balón quieto, no solo resulta necio, sino insolente.

Lo vivió recientemente el Nacional en cancha de River Plate, dos centros, dos desatenciones, dos llegadas aéreas, dos goles y un título para los de Gallardo. Y lo acaba de vivir el Medellín, que en el Atanasio vio cómo el Santa Fe con un balón parado le empató el partido y se encamino hacia la victoria dos minutos más tarde.

Todavía hay gente, siempre hay gente así, que le niega la importancia a la estrategia y al trabajo en el fútbol. La planificación de la táctica estática, en sus fases ofensiva y defensiva, requiere mucho trabajo para repetir y repetir la acción con sus variantes hasta que salga perfecta. Hace mucho tiempo que los equipos se nutren de las jugadas con balón quieto.

Algunos sostienen que ensayar y trabajar hasta la saciedad este tipo de acciones es típico de equipos sin recursos individuales. Y ponen como ejemplo el Atlético de Madrid, experto en goles de cabeza con Godín, un fenómeno cuando se levanta en el área y martilla la pelota; Miranda o antiguamente con Diego Costa. Nada más alejado de la realidad. El Real Madrid tiene a los mejores jugadores y sin embargo también tiene gol con pelota quieta en los impecables frentazos de Pepe, Varane o Sergio Ramos. Así pues, que quienes deseen encubrir la falta de gestión durante las prácticas, quienes quieren tapar la pereza e indolencia de algunos técnicos, no pueden escudarse en el talento individual. El sudor y la fatiga son complementos del trabajo y si no lo creen pregúntenle a Cristiano cuánto trabaja en lo físico, cuanto ensaya, cuánto se muele en los entrenamientos.

Hoy, en la gran final, Medellín va a ser nuevamente el protagonista de la pelota, el que debe imponer el ritmo y el juego como lo hizo en la primera etapa. Y Santa Fe volverá a lucir sus mejores argumentos de trabajo: buena defensa, sólida y cerrada, pelotazos, carrera de Cuero a espacios abiertos, llegada de Morelos en esos agujeros que deja el DIM cuando va al frente. Y volverá a ser el día de la pelota, quieta que Santa Fe explota en forma impecable.

El último título cardenal tuvo a Bedoya y Pérez como lanzadores en la táctica estacionaria. Hoy son Vargas y Pérez. Pero en Santa Fe siempre hay alguien listo para concluir la tarea aplicando lo que se trabajó durante la semana.

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