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La victoria en Asturias

Santiago Gamboa
16 de julio de 2010 – 10:11 p. m.

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HABER SIDO INVITADO ESTE AÑO a la Semana Negra de Gijón por mi amigo y gran novelista mexicano Paco Ignacio Taibo II me permitió vivir la victoria española en la región de Asturias, donde tuvo un sabor aún más épico ya que el delantero y goleador de la selección, David Villa, es asturiano, hijo de un minero del carbón.

El gol de Andrés Iniesta fue coreado y llorado de un modo estremecedor. Ahora sé que nunca volveré a sentir una emoción más grande que la que, literalmente, electrizó la atmósfera a lo largo de esos históricos 116 minutos.

España partía como favorita, pero el que se haya hecho realidad de un modo tan clamoroso los superó a todos. Y dios santo, qué celebración. Por ser los españoles proclives a las intensas libaciones —al decir del maestro Germán Espinosa—, y yo, que tampoco le pongo remilgos al asunto, acabamos pasando la noche en una terraza viendo correr ríos de gente de todas las edades, enajenados y ebrios, ebrios de vino y de poesía y de virtud, ebrios de dicha, en un fenómeno de locura colectiva en el que subieron a la superficie viejos rasgos hispanos, pero sobre todo la generosidad; los bares echaron la casa por la ventana y al pedir un whisky uno veía, alucinado, cómo le servían un cuarto de botella en el vaso. “Es que no se gana un campeonato del mundo todos los días”, decían los meseros al redoblar las tapas gratuitas, al reponer hielo y, ellos mismos, beber en los mostradores. Algo surrealista y maravilloso ser atendido por meseros ebrios.

Extraño heroísmo el que produce el fútbol, y ver su efecto sobre una masa es aún más extraño. Los asturianos, una región tradicionalmente de izquierda que aborrece la bandera de España, pues representa el franquismo, salieron a la calle envueltos en ella. Los aviones de Iberia pegaron banderas en las puertas de los baños. De algún modo la bandera volvió a ser de todos. En Cataluña, a nadie se le escapó que los jugadores del club Barcelona fueron el motor y el cerebro de la victoria española, ¿tendrá esto consecuencias en una región que poco antes pidió a la Fifa jugar el Mundial con equipo propio? Ya lo veremos, pero lo cierto es que al fondo de esta gran victoria se escucha un canto tribal, una rapsodia que va de comarca en comarca y que tiene que ver con la unidad tal vez recuperada de una nación, y con once héroes ante los cuales todos, asturianos y andaluces, castellanos e insulares, vascos y catalanes, inmigrantes nacionalizados y españoles del exilio, se reconocieron.

Pienso si alguna vez en Colombia se ha vivido algo así, que reúna el sentir de todos en una sola voz. Y la verdad, hay poco. El famoso 5-0 a Argentina duró una noche y hubo, si no recuerdo mal, muchos muertos en los festejos. Ha habido episodios trágicos: el repudio al secuestro, el asesinato de Galán. Esto sí que nos ha unido. Dice el poeta Gil de Biedma que la historia de España es triste porque acaba mal, pero esta semana se dieron una tregua y fueron felices. Acabó bien. Me dio mucha alegría estar ahí para verlo y añorar que un día, en nuestra triste república, podamos sentir algo parecido.

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