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¿Quién es José Rodríguez? Antes un desconocido habitante de las sombras, hoy parte de la historia universal de la infamia tras la publicación del reporte del Senado de los EE.UU.
Según éste, se practicó terrorismo de estado en la forma de tortura durante la guerra contra el terror. Dice The New York Times que como director de contra-terrorismo de la CIA, Rodríguez dispensó las peores barbaridades: humillación sexual, castigos corporales, penetración anal, el “submarino” y el “palo del loro”, estas importadas de su Latinoamérica natal.
Y Greg Grandin que cuando los agentes a su cargo se manifestaron en desacuerdo, Rodríguez los mandó a callar. “Debe evitarse el uso de medios escritos… para especular acerca de la legalidad de estas prácticas… Dicho lenguaje no es conveniente”, dijo. Si el lenguaje crítico-especulativo de la moralidad y la ley no conviene, ¿cuál entonces? El actual director de la CIA ejemplificó el lenguaje que conviene al defender en sus declaraciones las acciones de su institución.
Afirmó, entre otras insinceridades, la imposibilidad de saber si la información obtenida era útil, pero al mismo tiempo dijo que la CIA salvó vidas con dicha información. En vez de llamar las cosas por su nombre, tortura a la tortura, usó el acrónimo E.I.T.’s (por sus siglas inglés) para el “técnicas aumentadas de interrogación”.
Los imitadores colombianos de tal deshonestidad, que, como Rodríguez y Brennan creen ser ejemplos morales y detestan la especulación crítica, hablan en forma similar de las Bacrim y el narco para no tener que vérselas con el monstruo parapolítico que crearon. En este punto cabe citar a George Orwell. “El enemigo del lenguaje … es la insinceridad. Cuando uno separa los fines que declara de los reales, suele apelar de manera instintiva a palabras largas e idiomas exhaustos. Como un cefalópodo usa la tinta para ocultarse”.
Ocultar y ocultarse es el trabajo de las sombras. Para hacerlo, Rodríguez y sus imitadores colombianos apelan al uso de acrónimos, palabras largas e idiomas exhaustos como el fundamentalismo religioso, la ley y el orden sin crítica.
Al menos desde 1973, tras las operaciones de contra-insurgencia en favor de intereses económicos multinacionales en Latinoamérica, la política exterior y de seguridad de los EE.UU. y sus clientes han intentado tener sus dedos en todas partes pero sus huellas digitales en ninguna. Rodríguez es parte de esa política. Su trabajo en Latinoamérica desde los 80 muestra cómo la Guerra Fría reencarna en la Guerra contra las Drogas y la Guerra contra el Terror. ¿Con qué resultado? Convertir la política en una sarta de mentiras, odios, evasiones y esquizofrenia.