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Una vez más la camaleónica X, aquejada de un virus epidémico, sufre una metamorfosis evidente.
La historia de esta letra tiene sus vericuetos. En el español medieval ya su sonido había cambiado: del “sh” de una fricativa alveolar sorda —es decir, un sonido generado en la boca por las vibraciones de una turbulencia como las eses de un senador paisa— al de una velar, con el dorso de la lengua apretado contra el paladar para producir el sonido de la jota, como la del Quijote impreso después del siglo XVII. Y ahora vemos que en Colombia es viral ponerle una T que antecede al sonido de la S, como en coger un tatsi.
Los pedantes que ejercemos con la debida antipatía lo que los lingüistas denominan “el habla enfática culta”, al principio peleamos contra el cambio. Pero a estas alturas es mejor darlo por hecho. Hace unos días, conversando con un jovencito de 18, técnico en sistemas, traté de “corregirle” la dicción de la palabra examen. La dividimos en sílabas ficticias: ec-sa-men. Al pronunciarlas individualmente, no había rollo; pero al tratar de decirlas de corrido, invariablemente el virus hacía su aparición en el examen y esputaba etsamen. Traté de nuevo con el vocablo oxígeno, y nada; con algo complicado como sobreexcederse, y terminó sonando como un sobretsederse casi sueco. Finalmente, ensayé con algo más llamativo como sexo, y aunque al comienzo logré sesso a la española, quiero decir, que pronunciara a la manera de un peninsular, acabó indefectiblemente en setso criollo. Así es la lengua. Se me ocurrió, en una pedagogía perversa, que me dijera la palabra escena. Como era natural, pronunció de maravilla la x de la ecsena. Así que le insistí en que ese era el fonema que queríamos: “¿Sí ves? Es primero la c y luego la s, y aplícale el sonido”. Pero nada. Desistí. Comprendí que sus padres, sus maestros del colegio y el pastor o el cura, todos decían etsamen, unas veces por contagio ingenuo y otras adrede, por “pulir” el estilo de la parla. No tuve ningún étsito.
No sé qué tipo de anotaciones críticas harían Caros y Cuervos al respecto de las transmutaciones de la x, pero doña Ruth Esneda Barrios Caviedes, cantante, actriz y lingüista honoris causa, me daría la razón en que con dichas cosas es mejor no meterse. Hay que saber que en esto del lenguaje, como en la informática, hay virus invencibles. A veces cuando uno pretende juguetear con el sistema, la cosa se empeora, así que mejor no xoder tanto y dejar que la gente se etsprese como quiera.
Después de todo, mientras haya obesos y pornografía, la enigmática equis no corre el riesgo de desaparecer de nuestro entorno. Hay nuevas tallas XXL y van para tres X. Y sobre estas XXX, me aventuré de curioso a escribirlas escuetas en el buscón de Google: no aparecieron los números romanos pero sí me llevé una buena dosis de setso indeseado. La letra está infectada.