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Globalización ¿freno temporal o estancamiento duradero?

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La globalización, el aumento de intercambios de bienes, servicios, conocimiento y personas entre distintas geografías, es algo intrínseco a la actividad económica.

Su más reciente aceleración se produjo en la década de los 80 del siglo pasado como resultado de una combinación de factores favorables, empezando con los avances técnicos que favorecieron la deslocalización de etapas del proceso productivo, lo que impulsó la integración de China en el comercio mundial. De esta manera, las exportaciones mundiales aumentaban más que el PIB, una regularidad que se interrumpió a mediados de la década pasada. Desde entonces, aunque con diferencias entre distintas áreas geográficas o tipos de bienes comerciados, el ratio sobre PIB del volumen de comercio internacional no ha recuperado sus ritmos de crecimiento previo.

La crisis económica de 2008-09 y el posterior periodo de recuperación lenta y desigual es un elemento que puede estar frenando el comercio global. Este factor cíclico puede tener efectos duraderos en el comercio si se conjuga con una disponibilidad menor de financiación, cambios regulatorios en el sistema financiero y con unas políticas comerciales menos propensas a liberalizaciones adicionales, ya de por sí difíciles de lograr. El escaso avance en acuerdos globales en el marco del Organización Mundial del Comercio (OMT), es una muestra del entorno menos favorable que hay para promover e implementar políticas globales de estímulo al comercio. Así, la OMT ha tardado 10 años, entre 2004 y 2013, en alcanzar un acuerdo de facilitación aduanera que aún no se ha implementado. El impulso puede venir de acuerdos regionales, como la Alianza del Pacífico en marcha desde 2011, o el que se negocia entre la UE y EE.UU. desde 2013 (TTIP, por sus siglas en inglés).

Las innovaciones ligadas a la extensión entre distintas áreas de cadenas globales de producción para aprovechar las complementariedades (especialización, costes) en el “saber hacer” de unos procesos productivos cada vez más complejos son la clave en el impulso de la globalización. Las ventajas de la segmentación productiva internacional deberían reducir los incentivos a un rearme proteccionista al hacer evidentes sus negativos efectos domésticos.

*Economista jefe de Escenarios Económicos de BBVA Research

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