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La casa del ex diputado del Valle Sigifredo López está intacta desde el 11 de abril de 2002. Sus hijos Lucas y Sergio, de 12 y 14 años, en cambio, ya no juegan ni se parecen al recuerdo que el político se llevó grabado en la memoria el día del secuestro. Este jueves, cuando Sigifredo deje las cadenas y la espesa selva en la que lo sepultaron las Farc por casi siete años, se encontrará con dos hombres de 18 y 20 años acompañados por sus novias y cargados con nuevos sueños.
Su esposa, Patricia Nieto, está preparada para todo. Las historias de otras familias de secuestrados o desaparecidos le han enseñado a no idealizar o programar el reencuentro con lo querido: “Hoy no sé cuál será su proyecto de vida o qué quisiera compartir. Lo único que me importa es verlo, darnos el tiempo necesario. Esta es una nueva oportunidad de vida, es volver a empezar”.
La historia de amor entre Sigifredo y Patricia comenzó desde muy jóvenes, cuando coincidieron en un colegio de Pradera (Valle). En medio de la rutina de clases descubrieron que un universo de gustos los unía en un transparente y sólido amor de adolescentes. Al terminar el bachillerato cada quien tomó su propio rumbo. Sigifredo inició derecho en la Universidad Santiago de Cali, Patricia artes plásticas en el Conservatorio de la misma ciudad. Y contrario a todos los pronósticos, su relación se hizo tan fuerte que luego de seis años de noviazgo se casaron.
Patricia se dedicó al hogar, mientras que Sigifredo emprendió una prometedora carrera impulsada por su liderazgo. En sus inicios el ex diputado ejerció la abogacía en la parte penal, área en la que se especializó. Fue inspector de Policía, concejal en el pueblo (Pradera), alcalde y secretario de obras públicas en el departamento. Se dedicó a la academia, en la Universidad Santiago de Cali fue docente en derecho constitucional durante muchos años. Más tarde entró a la Asamblea del Valle; justo en el momento de su retención a manos de las Farc ejercía su segundo período como diputado.
La política se había convertido en la pasión de este hombre. Sigifredo se estaba perfilando para saltar de la Asamblea Departamental a la Cámara de Representantes y luego al Senado. Mientras eso ocurría López seguía preparándose intelectualmente. Con su esposa comenzaron un posgrado en cooperación internacional y derecho social en la Universidad de San Buenaventura que el cautiverio interrumpió. A pesar del secuestro Patricia terminó sus estudios sola: “Pensábamos que en la política lo más importante es el desarrollo humano, entonces queríamos fortalecer esa parte y tratar de que nuestro proyecto de familia fuera trabajar por eso y mejorar nuestro municipio”.
De puertas para adentro
Ese como todos sus proyectos, Sigifredo López se lo había encomendado a Dios. Siendo católico el político, tal como se lo había inculcado su madre, visitaba frecuentemente la basílica de Buga, en el Valle del Cauca, donde le pedía al Señor de los Milagros que lo acompañara en cada decisión de vida.
Es hijo único y huérfano. Su padre fue asesinado en el asalto a la compraventa que la familia tenía en Pradera, cuando Sigifredo tenía apenas ocho meses de nacido. A partir de esa trágica experiencia, sus tías lo consintieron mucho y lo criaron con la mentalidad de ser un apoyo para su madre, doña Nelly Tobón.
Las mujeres de la casa le incentivaron el deporte y Sigifredo llegó a ser campeón nacional de bala y martillo. Por su contextura física al político le decían, “pollo de finca”, recordó burlándose Patricia, y contó que su “gordo” entrenó con la que luego fue campeona olímpica, María Isabel Urrutia.
Ya casado su esposa adoptó rutinas muy especiales con el político. Le preparaba generosos desayunos: café en leche, arepa, sánduche o huevos y fruta. Sus planes favoritos los fines de semana era hacer asados: “Tenía buen apetito, tanto así, que su salud estaba en los topes de llegar hasta padecer una diabetes. Estaba muy gordito, siempre fue talla XL”.
Este jueves, a las ocho de la mañana, parten desde Cali hasta el punto de las coordenadas los helicópteros brasileños que traerán de vuelta a la libertad a Sigifredo López. La misión humanitaria estará encabezada por la senadora Piedad Córdoba.