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En La Guajira nadie logra ponerse de acuerdo sobre las minucias de la leyenda de Francisco El Hombre, el mítico personaje que le dio el nombre al festival de vallenato que se celebró el fin de semana pasado. Unos dicen que “El Hombre” se batió en un duelo de acordeón con el mismísimo satanás en el patio de su casa. Otros aseguran que fue en un paraje desértico, durante una tarde que en segundos se transformó en noche. Dicen que Francisco sólo pudo vencer a su contrincante cuando invocó a Dios y, con fervorosa devoción, declamó el credo al revés. Hay quienes aseguran que incluso se aferró a un crucifijo.
Los detalles parecían tener sin cuidado a los cientos y cientos de asistentes al encuentro. Finalmente, el mito era sólo una excusa para festejar que “en La Guajira el vallenato es la religión y que el acordeón entró por estos mares, éstos que están aquí mismito, al frente nuestro”, suele decir, con extrema pasión, el músico Roger Bermúdez, uno de los jurados del festival que busca hacer un reconocimiento a los nuevos intérpretes de este género.
Si en La Guajira el vallenato es una religión, entonces podría decirse que este fin de semana Riohacha estuvo de fiesta santa. La música no dejó de sonar un solo segundo en las calles y en las casas y en las discotecas. Los lugareños se vistieron con sus sombreros y sus atuendos más coloridos y vistosos. Las calles lucían más limpias y el mar, hasta más azul, comentaban algunas personas en las calles. La ciudad estaba engalanada para rendirle culto a la guacharaca y al acordeón.
En el centro de la ciudad una enorme tarima recibió a 12 agrupaciones, jóvenes todas, que querían llevarse los premios al Mejor Cantante, Mejor Acordeonero y Mejor Canción Inédita, que entregaba el primer festival de vallenato que se celebra en tierra guajira. “Aquí en Colombia hay muchos festivales que buscan conservar la tradición, las raíces y el origen del vallenato, y que han hecho posible que este género se mantenga vigente, que exista hoy en día.
Pero faltaba un encuentro que reconociera la música contemporánea, la de hoy, y a los cantantes que están empezando. Con este propósito nació Francisco El Hombre”, dice Álvaro Cuello, presidente de la Fundación Cultura Guajira, organizadora del encuentro.
Fueron tres noches de fiesta. Tres noches de duelo que parecían revivir el mito de Francisco El Hombre, pero sin diablo ni rezos a cuestas. Fue un duelo de dinastías de la música vallenata, se atrevieron a decir algunos expertos en el género, porque muchos de los participantes eran los herederos de algunos de los más grandes músicos vallenatos que ha engendrado el país. Martín Elías, hijo de Diomedes Díaz; Rolando Ochoa, hijo de Calixto Ochoa; Héctor Arturo Zuleta, hijo de Poncho Zuleta; José Jorge Oñate, hijo de Jorge Oñate; Jorge Churo y Adaníes Díaz, hijos de Adaníes Díaz; y los K Morales, hijos de Miguel Morales.
Los herederos traían nuevas muestras del vallenato. Ritmos “clásicos pero evolucionados”, fue la definición de uno de los jurados. Ritmos apegados a la tradición pero con propuestas nuevas y llamativas. Entonces se escucharon el acordeón y la guacharaca y la caja de siempre, complementados con baterías, bombardinos, clarinetes, trompetas, teclados y saxofones. Se escuchó el clásico paseo vallenato combinado con otros aires musicales como el merengue vallenato o el son vallenato. Se escucharon las nuevas voces. El público aplaudió cada una de las propuestas, las bailó hasta el cansancio, las coreó casi con devoción. El vallenato es la religión de La Guajira, y este fin de semana los riohacheros estuvieron de fiesta santa.