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La Navidad o la bacanal del billullo

Enrique Aparicio
13 de diciembre de 2014 – 09:00 p. m.

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Sobre el tema de la Navidad perdí la inocencia dos veces.

La primera cuando supe que los regalos no llegaban de algún lugar especial, cielo, Polo Norte, etc. La segunda cuando me dijeron que había para ricos y para pobres.

Al enterarme que no era el Niño Dios, Santa Claus, Papá Noel, Father Christmas o Papá lindo quien traía los regalos, mi imaginación se destrozó. No pude manejar ese vacío, tuve que buscar ideas que rellenaran el desconcierto inmediato de un niño.

La otra experiencia fue poco después de la primera. Estaba en la hacienda familiar, iba solo, y vi que en la iglesita del pueblo niños pequeños como yo hacían cola para recibir regalos. Me pegué a la fila para recibir el mío y uno me dijo: «hola, usted no tiene derecho a recibir regalo, usted es de allá, de la hacienda».

Resulta que la Navidad tenía estatus económico, las entregas dependían del mero billete. Me salí de la fila devastado, como alguien que corren como a un perro del grupo. Lección para toda la vida. Hoy estoy sentimental, debo agregar.

De ahí para adelante, la Navidad e ilusiones de este periodo se acabaron, la magia llegó a su fin e ingresé en el colectivo de ¿qué me iban a regalar? y si no me lo regalaban podía presionar. Antes, como los regalos venían de algo mágico, escribía cartas y pedía lo que se me ocurriera. Después era cuestión de exigir a los proveedores terrenales. En el caso de las llegadas de regalos desde lo alto, siempre podía haber una razón. En esa época pedí un avión y me trajeron uno pequeño de armar, se me había olvidado aclarar que el que yo quería era de los grandes, con hélices y todo, pero me quedaba claro mi falla, he debido poner “grande para llevar a todo el mundo al otro lado de la Tierra”.

Las diversas costumbres descritas y sus personajes en libros sobre el que trae los regalos son para concluir que alguien se la fumó verde. ¿A quién se le ocurre que, en Colombia, un tipo en un trineo con renos es el encargado de traer los regalos, el Santa Claus, nieve por todos los lados en Bogotá? Obviamente la versión de Santa Claus está anudada al Polo Norte, donde se supone que tiene su sede. Pero aun así es mucho cuento inventado por el anuncio de Coca-Cola en 1931.

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Les voy a contar la verdad, para que todos perdamos la inocencia. Según mi amigo Hans, con quien mantengo conversaciones diversas en un pequeño café cerca a mi casa, una ciudad muy pequeña pero con 700 años de historia, la tradición de los regalos nace de un obispo de Esmirna, hoy en Turquía, quien nació unos 400 años después de Cristo y se trasladó a España. Como regalo distribuía naranjas en el resto de Europa. Las naranjas tienen su razón de ser, pues eran importantes para evitar el escorbuto por falta de vitamina c, y vitales para los navegantes durante los largos viajes en barco.

El obispo creó su imagen en Holanda, a donde llega en barco y luego visita las ciudades en un caballo blanco llamado Schimmel -sin renos, ni trineo- para revisar el comportamiento de los niños y definir quiénes merecen regalo y quiénes no. Con sus ayudantes, llamados “ el negro pedro” que antiguamente se llevaban, sin más ni más, a los niños que se hubieran portado mal. Con el tiempo la cuestión se suavizo, y hoy no se los lleva, en lugar de un regalo les deja un chamizo.

El caso es que la leyenda y tradición la llevaron los holandeses en el siglo 17 como emigrantes a lo que hoy son los Estados Unidos.

La firma Coca Cola, en una de sus propagandas, vistió al personaje más o menos como lo ven hoy, regordete, barba blanca, con muchos regalos y todo el equipo.

La llegada del Santo se celebra en Holanda, donde miles de pequeños todavía continúan en la gran inocencia. Es un evento lleno de una ansiosa niñez, pero la bacanal del billete, de compromisos y demás, que acaba con las primas de fin de año, no se da en Holanda. Seguro se gasta un poco más que en otras épocas del año, pero no es exagerado.

La Navidad se convirtió desde hace tiempo en que quien tiene plata goza gastándola y en quien no la tiene sufre gastándola. Así se difuminan las primas, el sueldo extra, el aguinaldo. O sea la tradición de un obispo que buscaba hacer el bien de manera modesta, se convirtió en un insaciable escenario del gasto para los que tienen y los que no.

San Nicolás entrega los regalos a los niños el 5 de diciembre, sin embargo con el fin de revisar las muchas familias, llega antes, algo así como el 20 de noviembre para entrar en su etapa de reconocimiento de los bien portados. Los adultos se intercambian poemitas burlándose de alguien cercano. El “youtube” muestra con más claridad lo que quiero decir. Se trata de un momento para los niños. Youtube nuestro:

Enrique Aparicio, Holanda. Diciembre 2014
Diciembre 2014

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