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"Cuando me pongo la ropa, se arma el alboroto. Mis compañeros me molestan, pero lo hacen en recocha. No hay ningún irrespeto, ni burla. Aquí he encontrado el apoyo de todos y eso me hace sentir muy bien", comenta el homosexual-travesti.
Permanecer vestido de dama dentro de la cárcel es un triunfo que obtuvo Faiber, luego de que interpuso una acción de tutela que finalmente le concedió hace un mes, el Tribunal Superior de Ibagué.
"Cuando llegué en abril a Chaparral (había estado en La Modelo de Bogotá) los guardianes me impidieron ponerme mi ropa y no me dejaban maquillar", recordó.
A través de este recurso se le garantizó su derecho a la autonomía personal, a la igualdad y al libre desarrollo de la personalidad.
‘Mireya’ como prefiere que lo llamen, se encuentra redimiendo su pena haciendo aseo a las instalaciones del centro carcelario, y también utiliza sus ratos libres peluqueando a sus compañeros o a algunos trabajadores del reclusorio, que le dan a cambio un café o un cigarrillo.
Faiber accedió a hablar con El Espectador para contar su historia que en principio fue trágica, pero que hoy se ha convertido en felicidad.
Desde muy pequeño, cuando vivía en Planadas (Sur del Tolima) Faiber sentía atracción por los hombres. Un día de colegio, un compañero de clase lo vio besándose con otro menor. Se armó el escándalo. El niño se lo contó aterrado a la profesora de curso, y ella a su vez le dijo a la mamá del recién descubierto homosexual.
"Fue un momento terrible. Me sentí humillado, lloré mucho. Todo el mundo se burló de mí, mis amigos, compañeros, los vecinos y hasta mi madre me trataba muy mal", recuerda.
Esta situación hizo que Faiber se encerrara y no regresara al colegio. Faiber sólo tenía once años "Decidí irme de la casa con 8 mil pesos y una muda de ropa" narra el presidiario.
Había visto a Bogotá solamente en televisión, y por eso le llamó la atención. Llegó a la terminal, y le contó su calvario a la dueña de una cafetería.
P’al barrio Santa Fe
"Váyase para el barrio Santa Fe, allá hay puros homosexuales", recuerda que le dijo. Ella le regaló dinero para el taxi, y sin pensarlo dos veces se fue.
"Me quedé en una esquina cualquiera del sector. Ahí llegó un travesti que me dijo: ‘polla… ¿usted putea? Y yo le dije ¿qué es eso? Me dijo tranquila que por esta pasamos todas…, me llevó, me presentó a otras amigas, me dieron comida, me maquillaron y nos fuimos a una fiesta hasta las 5 de la mañana, donde me pegué mi primera borrachera" cuenta ‘Mireya’, al recordar que fue el primer día más feliz de su vida, porque se sintió libre y nadie lo criticaba.
Esa misma madrugada conoció a Jairo, un joven sicario de 16 años, de quien se enamoró y quien fue su pareja durante seis años, hasta que lo asesinaron en un barrio de Bucaramanga.
"Él me enseñó el sicariato. Me dijo que no me fuera a prostituir, y empecé a ayudarle, al principio a descargar y después lo acompañaba a hacer los encargos. Así me metí en esa vida. Al principio dan nervios pero luego eso es como nada", dijo. De eso empezó a vivir ‘Mireya’.
"Veía que era mejor porque me sacaba hasta dos millones en un día, mientras que a los prostitutos se ganaban 100 mil pesos y eran golpeados por los demás", manifiesta.
‘Mireya’ fue apresado por porte ilegal de armas cuando todavía era menor de edad. En el politécnico Luis A. Rengifo, de Ibagué estuvo retenido por seis meses.
A paramilitar
De ahí salió e hizo contactos con el bloque capital de las autodefensas. "Recibí instrucción militar por dos meses y medio, pero por mi condición de homosexual tenía bastantes problemas con algunos compañeros que no me respetaban", recuerda.
Tanto así que el comandante William Blanca quiso matarlo, según recuerda. "Me amarró y me iba a asesinar, pero me salvó El Enano, un ‘para’ con poder que me regresó a Bogotá, donde conocí a alias ‘Pinza’ que me ayudó a ingresar a las autodefensas del bloque Mineros, donde trabajé solamente en el sector urbano", dice.
Haciendo parte de esta organización fue capturado en el año 2005. Estuvo en la cárcel de Cómbita, por 27 meses. Allí tuvo la oportunidad de acogerse al programa de justicia y paz.
Salió pero no abandonó la vida de sicario. Por el contrario, en Cómbita había logrado hacer excelentes contactos. "Esa era mi forma de subsistir, eso era como un vicio. Lo que ganaba me alcanzaba hasta para vivir tres meses, porque no gastaba mucho, siempre ahorro", dice.
Hace 20 meses fue capturado cuando intentó asesinar a un comerciante en Bogotá. "Me capturaron con un menor de edad. Alguien nos siguió en una moto, y fui llevado a La Modelo. Allí estaba en el patio 1B donde vivía con 8 homosexuales más".
La operación
Según Faiber, todos se podían vestir de mujer aunque no lo hacían permanentemente. "En las cárceles hay muchos homosexuales, especialmente si son autodefensas. Dentro de los ‘paras’ se ve mucho este fenómeno, había muchos que tenían amores a escondidas en el monte", señala.
Igual pasa dentro de la cárcel de Chaparral. "Aquí hay bastantes, pero no se atreven a revelar su condición, a pesar de que han sido testigos de que a mí se me ha tratado dignamente", dice Faiber.
Faiber espera salir en dos años y medio de la cárcel, haciendo méritos para acortar el tiempo. Sin embargo esta vez no piensa dedicarse a la vida delincuencial.
"Estoy muy feliz porque por fin mi mamá y mis hermanos me aceptaron como soy. Ahora tengo un motivo para dejar esa vida y dedicarme a algo bueno".
El proyecto de Faiber o ‘Mireya’ es, primero, mandarse a operar para que le implanten senos. "La operación me cuesta 35 millones de pesos y ya tengo la mitad. Hay alguien que prometió ayudarme, para quedar completica", dice mientras sonríe.
Luego, probablemente en Ibagué, instale un salón de belleza, pues otro oficio que aprendió en la calle con sus amigos homosexuales es a cortar cabello, tinturar y arreglar uñas.
"Eso es un don que se nos dio a los homosexuales y de eso pienso vivir y darle a mi madres todo lo que se merece. Ella y yo merecemos ser felices", admite.
Quizá después consiga una pareja. "Por ahora no tengo a nadie, estoy sola porque dentro de la cárcel es mejor tener amigos para evitarse problemas".
El director de la cárcel de Chaparral, Jorge Iván Hernández indicó que aunque en principio se pensó en que el hecho de que Faiber se vistiera de mujer iba a traer problemas, hasta el momento el comportamiento de todos los reclusos ha sido de respeto hacia el homosexual.
"Aquí se le quieren hacer valer sus derechos y siempre le recomendamos que informe cualquier anomalía, sea de los presos o del personal de guardia, y hasta el momento sé que está muy conforme con su condición", dice el funcionario.