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¿Qué será lo que tiene ‘El Pecoso’ Castro que mete sus equipos en la pelea, los pone a correr y a ganar hasta donde las limitaciones de la nómina se lo permiten?
Algo tiene, algo que no parecen reconocer todos porque, problemas personales aparte, quien revise sus campañas entenderá que casi siempre ha estado prendido en las instancias finales.
Dicen que Fernando es un tipo muy exigente con sus jugadores, cosa que no es ningún pecado porque generalmente encuentra equipos disolutos, llenos de vagos que se quieren ganar la plata de cuento y sin trabajar, y él en medio de su particular filosofía bilardiana les inculca el respeto a la fatiga y la disciplina como pilares fundamentales del éxito.
También dicen sus enemigos, porque Castro tiene enconados enemigos que le dan palo por lo bueno, por lo malo, por lo divino y por lo militar, que se encuentra “anquilosado tácticamente” y cuando uno ve a este Huila, como se veía en el Quindío hace dos años, esos equipos corren, aprietan, cierran espacios, presionan a la pelota y después generan interesantísimas réplicas con transiciones rápidas y contundentes. Curioso, cuando eso mismo lo hacen algunos técnicos se está en presencia de los genios del fútbol moderno pero cuando lo hace ‘El Pecoso’ es un desactualizado. Pues a este periodista le parece que lo del Huila es moderno y muy interesante tácticamente porque maneja bien las tres fases del juego y más allá de proponer con una nómina limitadísima, al elenco opita se le ve cara, personalidad, genera mensajes interesantes por la forma en que se para en la cara.
Algo tiene ‘El Pecoso’ y esta referido no sólo a lo que trabaja y a lo que planifica sino a la manera en que le llega a los jugadores. Ese poder de convicción, de hacerles entender que el fútbol es una profesión ingrata de la que se pueden ir mañana, que si no consiguen el dinero y la gloria en el siguiente partido esa platica y esa sed de triunfos se pierden. Fernando Castro no tiene derecho a pensar en mañanas, sabe que es hoy, en este partido, por eso nunca habla de cara al futuro y simplemente encara el presente como viene.
Claro, en algo pueden tener razón sus detractores: a ‘El Pecoso’ las nóminas lo aguantan un torneo, máximo dos, porque después de tanto exprimirlos y agitarlos, con su férrea y recia personalidad, los equipos terminan “rompiéndose”, igual que como le pasa a Pinto. Algo tiene y por eso le pasa siempre lo mismo…