Publicidad

Ricos en los medios

Daniel Pacheco
08 de diciembre de 2014 – 09:00 p. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

THE NEW REPUBLIC (TNR), UNA REvista con 100 años de historia en Estados Unidos, pasa por su peor crisis. Luego de ser comprada hace dos años por uno de los fundadores de Facebook, el multimillonario de 31 años Chris Hughes, cambios recientes en sus directivas han generado una renuncia masiva de periodistas.

TNR quedó eviscerada de sus voces más venerables, como sus editores Franklin Foer y Leon Wieseltier, además de colaboradores como Robert Kagan, Ryan Lizza y Enrique Krauze.

Algunos ya declaran a la revista muerta y su prestigio perdido. El obituario de TNR recordará que por sus páginas pasaron las plumas de George Orwell, Thomas Mann y Virginia Wolf. La revista, que acuñó el término “liberal”, con el significado que tiene hoy en la política estadounidense, terminó, bajo su nuevo dueño, cediendo a las presiones de una visión cortoplacista del periodismo digital. Lo que hoy se llama “la integración vertical”, un eufemismo, dicen los periodistas que renunciaron, para que la sala de redacción terminara siendo una fábrica de piezas periodísticas para atraer clics a costa de la versión impresa.

La crisis de TNR ilustra uno de los peligros de la tendencia en la industria mediática; millonarios de bolsillos pesados se hacen a medios tradicionales y, a pesar de promesas iniciales de innovar en periodismo serio con nuevos influjos de capital, terminan fracasando por inexperiencia o conflictos de interés.

Algo así le está pasando a El Tiempo, el periódico de mayor circulación en Colombia, tras haber sido adquirido por el grupo económico del hombre más rico de país, Luis Carlos Sarmiento. Desde 012 el grupo AVAL, que controla cerca de un tercio del sector financiero de Colombia, es accionista mayoritario del Grupo Editorial El Tiempo.

Tal vez El Tiempo no sufrirá un éxodo masivo de periodistas, ni una crisis financiera, pero sí un problema serio de credibilidad. Juanita León, desde la Silla Vacía, ha hecho un seguimiento juicioso a instancias puntuales en las que el cubrimiento del periódico favorece abiertamente los intereses del grupo AVAL sin hacer público su conflicto de intereses.

Sin embargo, esta tendencia a publirreportajes coronó hace poco la página de opinión del diario, con un editorial criticando la reforma tributaria que según aceptó luego su director, Roberto Pombo, “coincide con la opinión de Luis Carlos Sarmiento”. A pesar de esto, El Tiempo insiste en ventilar las opiniones de su dueño sin hacer público su declarado conflicto de interés.

El problema de fondo, que los medios sean propiedad de grupos económicos con intereses privados, parece inevitable. Pero se puede empezar, al menos, con ciertos formalismos simples para informar a los lectores de esos conflictos de interés. Cada vez que el Wall Street Journal habla de NewsCorp, recuerda que es su empresa matriz. Lo mismo hace ahora el Washington Post al hablar de Amazon.com o de Jeff Bezos.

Este debería ser un requisito para todos los medios en Colombia. Porque el prestigio, como está sucediendo con TNR, toma décadas en construirse y apenas unos años en desaparecer. 

Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido