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Cuando el cura Tomás de Berlanga llegó a lo que hoy se conoce como las Islas Galápagos, el 10 de marzo de 1535, puso la primera piedra de un proceso de invasión que cuenta ahora con 1.432 especies foráneas.
Entre estas especies invasoras —de las cuales 950 son plantas, 452 invertebrados y 30 vertebrados— se destaca la más peligrosa de todas: el hombre.
Una población permanente de 20.000 habitantes en las islas y un flujo turístico de 170.000 personas al año representan la principal amenaza para las especies nativas que el Parque Nacional Galápagos (PNG, entidad encargada del cuidado, protección y preservación del archipiélago) trata de proteger.
Aparte del ser humano, el PNG destaca la nocividad de insectos como la mosca de la fruta, las hormigas cabezonas y el caracol africano, que desplazan a otros géneros nativos.
Para proteger el ecosistema único del archipiélago existen planes de erradicación de especies invasoras mediante la caza o la utilización de venenos especiales.
Para apoyar estas iniciativas el gobierno ecuatoriano creó recientemente un fondo fiduciario que contará con un capital de 15,5 millones de dólares.
Controles en puertos y aeropuertos y restricciones al turismo completan estas medidas para preservar las islas ya que, según Víctor Carrión, responsable del Departamento de Control y Erradicación de Especies Introducidas del PNG, la casi totalidad de las especies invasoras han llegado a los Galápagos a través de barcos y aviones.
En el archipiélago, que se extiende sobre 800.000 hectáreas repartidas entre 7 islas mayores y 90 menores, viven 560 especies de plantas nativas y 180 endémicas, 17 mamíferos, 152 aves, 22 reptiles y cerca de 2.000 invertebrados.
Esta riqueza de especies naturales confiere a las Islas Galápagos un ecosistema único que el PNG se esfuerza por proteger desde hace 50 años.