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Tacto
El que le sobró a todos los invitados con nuestros deportistas paralímpicos premiados. Y ni qué decir hacia el profe Montoya. Fue una muestra de respeto y de admiración. Estoy segura de que más de uno salió con el convencimiento de que, como dice la película, la vida es bella.
Olfato
Me huele, me huele, que nadie querrá perderse nuestra ceremonia el próximo año y entre ellos, claro, los deportistas que pese a que tienen que pegarse ese día una madrugada de la madona para viajar desde su ciudad a Bogotá, salen con su trofeo en mano, felices y orgullosos. ¡Gracias a todos!
Gusto
Más que gusto fue ver el lado humano y sensible de nuestro gran ganador, Camilo Villegas. La mayoría quedaron absolutamente sorprendidos cuando el golfista, en medio de sus palabras de agradecimiento, empezó a llorar y le ofreció su triunfo al Profe Montoya. Fue uno de los momentos más conmovedores.
Oído
Y como por ahí había oído que más de uno decía que Villegas era un tipo creído y antipático, pues creo que todos quedaron con su boquita bien calladita, pues el paisa no sólo demostró que es todo un ‘gentleman’, sino un joven decente, agradecido, humano y con una paciencia del Santo Job, pues atendió a todos los medios de comunicación, desde el más grande hasta -como dicen por ahí- ‘radio tapita’.
Mi sexto
Y remato con Villegas, claro. El paisa recibió de regalo en el Deportista del Año un cuadro con su rostro pintado, pero más se tardó en tomarlo que en regalárselo a la familia de Montoya. “Profe, esto es para usted, para que haga con él lo que quiera”, le dijo. Definitivamente estamos sobrados de campeón.