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De Cortázar a Lleras

Santiago Montenegro
07 de diciembre de 2014 – 09:00 p. m.

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Varias notas periodísticas han cubierto el fallecimiento de Aurora Bernárdez, la primera esposa y luego la albacea literaria de Julio Cortázar.

En El País, de España, Mario Vargas Llosa resaltó su inteligencia y su erudición literaria y artística, además de su cercanía con la pareja y con Aurora, aun después de su separación.

Por eso resulta un poco curioso que el escritor peruano no hubiese dicho que Aurora fue la hermana de Francisco Luis Bernárdez, un poeta desconocido para las generaciones actuales, pero en su día muy famoso, no sólo en Argentina, sino en toda América Latina, además de diplomático e intelectual respetado e influyente.

Es imposible encontrar un joven de hoy, que vive en la modernidad líquida, que define Zigmunt Bauman, que en una fiesta o reunión familiar recite un poema de amor de Bernárdez, pero tampoco de otros poetas más conocidos, como Neruda o García Lorca.

Para las nuevas generaciones, el amor y las relaciones personales son también líquidas y, como dice Bauman, muchos se conectan y se desconectan, con la facilidad de quien oprime las teclas “delete” y “conect” en un ordenador personal.

Para las generaciones de nuestros padres, por el contrario, las relaciones y el amor eran aún románticos y, por lo tanto, únicas y para toda la vida, y su obtención era una verdadera causa y su defensa una lucha en la cual, más allá de la personas, se jugaba la honra y el prestigio de sus protagonistas. Por amor se vivía y también se moría. Por amor y por desamor se recitaban y se gritaban poemas de amor.

Mi generación ha sido un puente entre el mundo romántico de nuestros padres y la modernidad líquida que les tocó a nuestros hijos. Así, yo conocí los versos de Bernárdez recitados por mi madre (“Porque después de todo he comprobado/ que no se goza bien de lo gozado/ sino después de haberlo padecido/ Porque después de todo he comprendido/ que lo que el árbol tiene de florido/ vive de lo que tiene sepultado”).

Pero también descubrí otros versos de Bernárdez en conferencias y discursos de Alberto Lleras, quien varias veces acudió a su Epitafio a una mano de labrador para resaltar las vidas llenas de trabajo y sacrificios.

Pero la relación de Lleras con Bernárdez es aún más interesante. Siendo muy joven, en 1926, se fue a vivir a la Argentina y comenzó a escribir, primero en El Litoral, de Concordia, y luego en El Mundo, de Buenos Aires, recién fundado por el redactor de La Nación Alberto Gerchunoff. Así, en este periódico y en sus tertulias, Lleras hizo parte de un grupo que reunió a los mejores intelectuales argentinos, como Amado Villar, Roberto Arlt, Ricardo Molinari, Leopoldo Marechal, y a dos poetas: Jorge Luis Borges y Francisco Luis Bernárdez.

La muerte de Aurora Bernárdez, entonces, también nos recuerda que el mundo es mucho más pequeño de lo que usualmente creemos y, por eso, nos permite encontrar conexiones improbables entre personajes tan dispares como Cortázar y Lleras.

O quizá no tan dispares. Porque, como el mismo Lleras afirmó en sus memorias, su vida fue “una existencia dedicada casi sin interrupción a escribir, para mí pocas veces; para otros, para los demás, casi siempre”. Y, precisamente, por la calidad de sus textos, García Márquez afirmó que Alberto Lleras fue un escritor extraviado en la política.

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