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La propuesta de varios sectores de que las iglesias deben ser incluidas en la nueva reforma tributaria ha suscitado todo tipo de opiniones, que van desde estar de acuerdo hasta considerarlo una afrenta directa a los creyentes y una persecución a las iglesias. Aunque el ministro de Hacienda, José Antonio Ocampo, ha dicho que no serían gravadas las iglesias, algunos opinan que sí se debe hacer; este es el caso de la congresista Katherine Miranda, quien abiertamente ha dicho que dará la pelea para que esto suceda. La representante ha expuesto en su cuenta de Twitter que muchas iglesias se dedican a amasar fortunas, son empresas electorales y, dado que no cumplen una labor social, deberían ser tributantes.
Aunque actualmente el tema del impuesto a las iglesias, con todo esto de la reforma tributaria, ha cobrado protagonismo, lo cierto es que se ha venido planteando desde años atrás, ya que sectores políticos, académicos e incluso ciudadanos comunes consideran que es injusto que las iglesias no paguen impuestos.
¿Pero qué opina un cristiano sobre esto? Ciertos cristianos o simpatizantes del cristianismo, cuya opinión he observado en redes sociales, tienden a estar en desacuerdo con la iniciativa, algunos incluso hablan de persecución religiosa y violación a la libertad de culto.
Muy particularmente, como cristiana, opino que no debería ser para nosotros un problema el caso de que se llegara a aprobar en la reforma tributaria el impuesto a las iglesias. Porque si por causa de un impuesto, dinero, el nombre de Dios es vituperado, ¿no debería importarnos más esto que el mismo impuesto?
Mateo 22 nos expone el accionar de Cristo cuando los fariseos buscaban algún motivo para sorprenderlo y acusarlo. En esa ocasión se le preguntó sobre el tributo y muy sabiamente respondió con la ya conocida frase: “Dad al césar lo que es del césar”. ¿No deberíamos nosotros actuar en consecuencia?
Y sí, un impuesto a las iglesias afectaría su economía, sobre todo la de aquellas que desempeñan un papel genuino en el desarrollo de la fe, que no hacen mercadería con ella ni obtienen lucro alguno al cumplir el fiel mandato de Cristo, pero no debemos olvidar que como cristianos creemos que es Dios quien sustenta y provee para la Iglesia, que siempre se ha provisto de los medios para suplir cada necesidad, ¿entonces por qué nos preocupamos?
La Iglesia ha sobrevivido a cruzadas y persecuciones reales y sigue sobreviviendo hoy día. No considero que la posibilidad del pago de un impuesto sea una de estas luchas reales que tengamos que librar, y si en últimas lo fuera, ¿no nos dice la palabra de Dios que bendecidos seremos cuando por causa de él suframos ataque alguno? Que nuestra causa sea Cristo y no el amor al dinero.
Si es cierto que la iniciativa de la congresista Miranda no es para perseguir a la Iglesia, como ella bien lo ha expresado, lo mejor sería establecer que solo tributaran aquellas iglesias cuyo patrimonio sea considerable y su aporte a labores sociales mínimo, que todas declaren y que las que tengan capacidad tributen.
Katherine Miranda ha expresado que una de las razones por las que insiste en el impuesto a las iglesias es que fue una promesa de campaña y ella no olvida sus promesas, por eso sería bueno que otros congresistas del cambio tampoco olviden los compromisos que hicieron en campaña, como el ajuste en su salario, beneficios y la lucha anticorrupción.
Naudith J. Cuadrado Ayala.
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