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Stop and Go

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Un nuevo round le ha ganado las FARC al gobierno Santos en el manejo del secuestro o “retención” del general Alzate, alegando que lo sucedido es una consecuencia de su negativa a acordar el cese bilateral de hostilidades.

La razón parece asistirles a los jefes guerrilleros, a sus áulicos y a sus amigos del frente civil y de su periferia cuando sostienen que negociar en medio del conflicto tiene idénticas implicaciones para el Estado y las guerrillas. Juan Manuel Santos y su ideólogo de paz, Sergio Jaramillo, abrieron las compuertas de lo que está sucediendo al no haberles exigido, desde el comienzo, el cese unilateral.

De esa forma, a quienes defendemos la primacía del Estado y la vigencia de la Constitución, nos queda contracorriente demostrar que no es lo mismo la legitimidad que asiste al Estado que irse contra él a través de métodos terroristas o que, cuando el ejército estatal hace prisioneros a guerrilleros o los da de baja en combate está cumpliendo una ley y defendiendo la Constitución, mientras las guerrillas, degradadas por sus crímenes y su dependencia del secuestro y del narcotráfico, le hacen daño a la sociedad.

Santos es víctima de su propia lógica, que, como muchos sostenemos, es entreguista, no solo por haber iniciado diálogos sin exigencias básicas, elementales y justas, sino por muchas cosas que ha dicho después. Hace solo unas semanas afirmó en su gira por Europa que “las guerrillas negocian con seriedad y buena voluntad”, y ha invitado a la población “a tragarse varios sapos” si quiere la paz.

Los comandantes  guerrilleros toman nota de tanta bondad y la usan para justificar sus acciones terroristas. En estos dos años de conversaciones han asesinado 649 soldados y policías según la senadora del Centro Democrático Paola Holguín. Sus “hazañas” militares no son condenadas ni criticadas por sus escribientes sino que son usadas para presionar el cese bilateral del fuego.

El final de este impasse, eufemismo de Santos, no pudo ser más lánguido y patético para el Gobierno. Su determinación de suspender los diálogos carecía de toda lógica a la luz de lo que habían acordado: “Si Usted ordena al ejército que nos ataque y da de baja a nuestro comandante Cano” que es lo mal que bien expresa alias Timochenko, “¿Por qué nosotros no podemos hacer lo mismo dado que esta es una negociación entre iguales?”

Es la consecuencia de haber dejado el diseño de estas negociaciones trascendentales en manos de una persona inexperta, desconocedora de la historia del conflicto, que subvaloró la Constitución, que no tuvo en cuenta los errores del pasado, y que creyendo dar en el clavo, se inventó la teoría de la paz territorial, “démosles territorios”, como si esas guerrillas no estuviesen detrás de la totalidad del poder. Una persona sin ningún tino sobre la táctica y la estrategia militar y la conducción política de las armas.

De ahí que las guerrillas sigan haciendo lo de siempre. Primero, nunca declararon explícitamente que el camino de las armas está agotado, segundo, siguieron secuestrando civiles y militares, tercero, siempre han querido imponer sus condiciones, cuarto, aprovechan las conversaciones de paz para fortalecerse, y quinto, se presentan a la mesa en actitud de vencedores.

De manera que el frenazo de Santos carecía de fuerza, quedó reducido a una bravuconada, hizo lo que los jueces de Fórmula Uno hacen para castigar a un automovilista que comete una infracción: “stop and go”. Si su rabieta hubiera sido productiva, tendría que haber logrado algo más que volver a lo mismo, pero no paso de ser un cañazo.

Los colombianos estamos, pues, ante una cadena de desaciertos y de errores que ningún gobierno se puede dar el lujo, frente al objetivo de la paz. Toda la iniciativa se le ha dejado a las Farc, son ellas las que han salido claramente ganadoras en estos tres años (sumo el de las conversaciones secretas), no se dejaron fijar el límite de meses, ampliaron la Agenda de cinco puntos, dan la impresión de trabajar “de buena fe”, dicen no a entrega de armas y a reconocer sus víctimas, se pusieron en pie de igualdad con el Estado, han logrado reposicionarse ante la comunidad internacional.

Del lado institucional tenemos un presidente que no logra unificar el lenguaje de los altos cargos y que se contradice frecuentemente. Empezó hablando de meses, no más allá de diciembre de 2013. Luego justificó el alargue, diciendo que no podíamos precipitarnos. En junio de 2014 dijo que esperaba tener para la Navidad unos acuerdos firmados. Y acaba de extender el plazo hasta el 2015. Por otro lado, su Alto Comisionado dijo que en La Habana “no se firmará la paz”, sino el comienzo de la implementación de unos compromisos que nos llevarán a ella.

Duele en el alma aceptar que tienen todo a su favor las Farc para salirse con su modelo de paz armada y razón ciertos escribanos que en vez de condenar las acciones criminales de la guerrilla concluyen que lo malo no es el crimen sino el beneficio que de él sacan los “guerreristas enemigos de la paz”.

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