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Su procedencia, como ocurre con la mayoría de las cepas dominantes en el mundo, es francesa, más exactamente de la región de Madiran, en el suoroeste.
Debido a su poderosa concentración, el Tannat tradicional exige varios años de estacionamiento en barricas de roble para aplacarse. Como estos recipientes de madera son porosos, dejan pasar oxígeno por sus duelas y de esa manera el vino se suaviza. Ciertamente es una espera larga y poco funcional, pero gratificante.
En los últimos años, sin embargo, un grupo de inquietos enólogos de Maridan comenzó a ensayar varios métodos, como la oxigenación asistida con implementos tecnológicos, logrando imprimirle un carácter menos brioso y más juvenil al vino. Y esto ayudó a impulsar las ventas de Tannat de Madiran en el mundo.
Pero lo cierto es que la imagen internacional del Tannat se debe al trabajo realizado por la pequeña república de Uruguay, donde esta uva se ha convertido en una especie de emblema nacional. Tanto es así que hoy existen más plantaciones de Tannat en Uruguay que en Madiran.
Aunque las condiciones geográficas y climáticas uruguayas son distintas a las francesas, los vinos guardan cierta similitud. Ambos tienen una alta cantidad de taninos y materia colorante, y arrojan caldos concentrados.
Si uno se fija en las características de aroma y sabor de los Tannat uruguayos, es fácil detectar evocaciones a frutos negros como la mora y la grosella. Con el añejamiento en roble adquieren notas de chocolate y café. Esta capacidad de evolucionar y mejorar permite que los Tannat de alta gama puedan guardarse por años. Ah, y ese carácter corpulento lo hace ideal para acompañar carnes rojas.
No hay bodega uruguaya, de las 200 existentes en la actualidad, que no produzca Tannat, tanto para el consumo interno como para la exportación.
Pero ¿qué pasa si el consumidor internacional se cansa del Tannat y comienza a preguntarse qué más ofrece Uruguay? Esta pregunta ya se la hicieron Argentina, Chile y California. Argentina, por ejemplo, está complementado su oferta de Malbec con vinos elaborados a partir de Bonarda y Cabernet Franc; Chile hace lo propio con la Carménère y el Cabernet Sauvignon, estimulando la producción de variedades como Syrah y Cariñena, y California ha bajado los niveles de producción de Zinfandel para incrementar los de Cabernet Sauvignon, Merlot, Pinot Noir y Petit Syrah. O sea, si las uvas emblemáticas comienzan a perder adeptos, ya existe una plan alterno para promover otros varietales prometedores y así no perder mercados.
En una reciente visita a Uruguay pude constatar varios movimientos interesantes de las bodegas para fortalecer su portafolio.
Por ejemplo, muy buena impresión me causaron los Albariño. El clima húmedo y la exposición marina de las zonas vitícolas costeras se asemejan mucho al entorno de Galicia, en España, donde el Albariño es rey. Definitivamente, esta uva seguirá creciendo en volumen y calidad, y le proporcionará al Tannat una pareja auténtica.
El camino que ha venido recorriendo la Albariño fue labrado inicialmente por la también blanca Sauvignon Blanc. Esta también brilla por encima de muchas otras. Igualmente diría que la Riesling, originaria de Alemania, ya ha asegurado un lugar entre las mejores.
En tintas, me gustaron los vinos confeccionados con Merlot, Cabernet Franc, Syrah y Pinot Noir.
Frente a los vinos del hemisferio sur —cosechados en zonas cálidas y desérticas—, los uruguayos terminan pareciéndose más a los franceses que a los argentinos, chilenos y australianos. En vez de contundencia, en los uruguayos prima la delicadeza.
Donde no veo mucho campo para la acción es en el Cabernet Sauvignon. Este cepaje, de comienzo tardío, nunca alcanza a llegar al punto pleno de maduración, y se torna astringente y herbáceo. Por tal razón, muchísimos productores se abstienen de cultivarlo.
A hoy, son pocas las bodegas uruguayas presentes en el mercado colombiano. Pero los empresarios sureños dicen estar recibiendo visitas de potenciales compradores nacionales, interesados en sus etiquetas.
Mientras tanto, acérquese a los Tannat disponibles: es un buen punto de partida.